jueves, 16 de febrero de 2012

LA SUPERVIVENCIA DEL MAS FUERTE


El ser humano es un animal de costumbre, eso no es novedad. Sabemos que es capaz de adaptarse a un sinnúmero de situaciones y salir victorioso. Podemos pasar sin comer hasta un mes y nos adaptamos, nos vamos a vivir a 4000 metros de altura y nos adaptamos, nos cortan de un piquete todos los accesos a capital y nos adaptamos. Pero la adaptación surge de un entrenamiento constante. No es lo mismo decirle a un argentino que vaya a hacer un trámite al Anses y que lo logre, que decírselo a un Suizo (y no va a ser precisamente lo idiomático lo que le juegue en contra). Le falta cancha, le falta el entrenamiento que te da vivir en un país imperfecto.

¿A qué quiero ir con todo esto? A que el médico Argentino es un profesional totalmente maleable. Se adapta a cualquier situación. Ya desde el comienzo de la carrera te las tenes que ir ingeniando para sortear todas las dificultades que se te presentan.
La gente te pregunta, ¿Y que vas a hacer cuando veas a un muerto? Y vos te quedas. El primer día te da impresión y al cuarto ya te estas mandando una bondiola con una mano mientras que con la otra sostenes la pinza de disección.
Y una vez en el hospital pasa lo mismo. En este sentido, los patólogos son los seres más adaptables. No es que sean los únicos médicos que ven muertos, pero sí son los únicos que pasan todas sus horas de trabajo al lado de un muerto o en su defecto un pedazo de él. Y están tan acostumbrados que cuando están muy tapados de trabajo, literalmente comen al lado de las muestras. En el servicio de mi hospital se podía ver una ensaladera con una rica mezcla de lechuga, tomate y rúcula al lado de un frasco con un contenido que le quitaba el hambre a más de uno. Estoy seguro que los patólogos del futuro van a acostumbrarse a comer vesículas y apéndices.

Y con los residentes se repite la historia. Como nunca se detienen y llevan el cansancio acumulado, el momento en que paran para comer es preciado. No saben cuando se va a volver a repetir y es por eso que lo tienen que aprovechar muy bien. En una ocasión una R1 de cirugía de mi hospital ordenó unas costillitas de cerdo a la riojana. Abre el tupper de plástico y cuando ya había dado 5 bocados descubre una cucaracha semi-muerta en el fondo del mismo. La retiró, la arrojó al cesto de basura y siguió comiendo. Después hizo el reclamo y recibió otro envío gratuito. ¡Eso es efectividad!

5 comentarios:

  1. COn la fobia que le tengo a las cucarachas, me puedo llegar a morir si me pasa algo así.

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    1. Es costumbre y hambre Naty! y por lo menos la cucaracha no la comió!

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  2. Tal cual.... a mi me han contado de casos en donde han encontrado la mitad de la cucaracha en la comida..... eso es peor

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  3. jajajaj, nosotros despedimos el primer año de anatomia con picadita de papitas, chizitos gaseosas entre los preparados de aparato genital (m y f) y pensar que el primer dia me daba asco hasta el hueso pelado y ni hablar de ligamentos! me encantó tu blog!!
    estoy casi terminando, me queda un solo año de cursadas y la PFO (practiva final obligatoria: UNLP), pero he hecho guardias en el hospital San Roque (Melchor Romero) y no te vas de mambo... doy fe que es así!!

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    1. Estamos casi iguales natilucha.. yo haciendo el IAR que por lo que me contas viene a ser lo mismo que la PFO. Me alegro que te haya gustado el blog, ayudame a difundirlo! Un abrazo.

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