jueves, 8 de marzo de 2012

LA DOCTORA MARIA JUANA




La Dra. Juana es uno de los principales exponentes de la nueva generación de “Fasos”. Es una médica joven, recibida hace muy poco tiempo. Rubia, de pelo bien lacio y coqueta, muy coqueta. Siempre maquillada, con sus chatitas va caminando por los pasillos de la guardia cual modelo. Impresionantemente pasadas 24 hs seguirá impoluta, como si el trajín vivido durante ese tiempo no surtiera ningún efecto en su porte. Su ambo inmutable, sin ninguna arruga y con los colores tan vívidos como un día atrás.  

Juana llega a la guardia con un bolso bien grande, de preferencia cuero negro. En su interior, el 70% del espacio es ocupado por productos de belleza e higiene personal: Cremas, delineador, maquillaje, alicate y tijeras. El ambo de repuesto, infaltable. 

María Juana está siempre malhumorada. Pocas cosas la hacen sonreír: La hora de tomar mate y chusmear con otros colegas, el pase de los pacientes a la guardia que sigue o el momento en que es visitada por la promotora de Avon que cita religiosamente todas las semanas para reabastecer su bolso de los productos que la ayudan a darle su esplendor diario.
Pero lo que más alegría le da es sentirse mirada y deseada. A la doctora  Juana le encanta seducir. Lo hace pensando que es sutil, sin saber que todo el personal ya le sacó la ficha y se ríen a sus espaldas.

Odia a los pacientes que tiene que atender en el hospital. Dice que no le gusta el ambiente, que son todos “negros”. No se siente cómoda donde hay sangre y le escapa a todo lo que sea infeccioso.

Juana también le escapa a las emergencias. Desde chico, las madres enseñan a sus hijos que no es conveniente meterse en líos: “Pepito, donde veas que hay problemas, andá para el otro lado”. Y Juana, teniendo siempre presente este concepto, lo sigue al pie de la letra. Si llega una ambulancia y la sala de emergencias se plaga de personal, ella se va a atender al consultorio; si un paciente se pone “medio feo” busca la manera de pasárselo a un colega o incluso a un practicante, y así se las va arreglando. Siempre que las papas queman, María Juana no está. 

Pero cuando las emergencias por fin la encuentran sin escapatoria, se siente acorralada y no sabe que hacer. Busca ayuda, sin importar de quien venga.

Es que las situaciones de emergencia no son su ámbito, ¿Ante quién podría desplegar su belleza maquillada si todos están trabajando y el paciente está inconsciente? Entonces ahí es cuando se embatata y comete errores, a veces, importantes.

En una oportunidad, entro al shock room para hacerle el examen físico a un paciente ingresado hacía 1 hora por deterioro del sensorio; el mismo estaba bajo ARM (asistencia respiratoria mecánica). Empiezo a observar todo y veo que el tubo endotraqueal era más largo de lo que debería. Cuando intento tomarlo me quedo con el mismo en las manos, a todo esto el paciente hacía unos movimientos extraños y el saturómetro marcaba 85% (no oxigenaba muy bien que digamos). Miro la guía de suero y noto que de un lado tenia medicación anticonvulsivante (había ingresado con convulsiones) y del otro el suero con la medicación sedante. ¿Qué anda mal? Resulta que esta última estaba desconectada. El paciente se “despertó” y empezó a competir con la máquina a ver quien respiraba más. Resulta que Juanita le había dicho a la enfermera que primero pase todo el anticonvulsivante y recién después ponga el otro suero. Pequeño error conceptual.

Pero hoy por hoy Juanita está recibida y especializándose. La imagino en un futuro, trabajando para una prepaga importante y atendiendo detrás de un escritorio. Ya con las guardias convertidas en recuerdos de su juventud estará haciendo lo que siempre deseó. Vestida con un guardapolvo sobre su ropa sugestiva, con el tercer botón como el primer abotonado y mostrando su escote. Con su cara pintada y a esa altura con varias aplicaciones de botox encima para ayudarla a mantenerse joven, será feliz. Dentro de esa imagen de médica exitosa ocultará su falta de conocimiento y, como lo hacía el Doctor Faso, seguirá sobreviviendo.

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