jueves, 26 de julio de 2012

ADIOS OBSTETRICIA


En un post anterior dije que los ginecoobstetras iban a ser la mayor musa inspiradora del contenido de este blog, y no me equivoqué. Definitivamente lo que viví dentro del servicio de maternidad fue bastante… “jugoso” por decirlo de alguna manera. Como era de esperar, ni la Doctora C ni la Doctora Z saciaron sus ansias de vernos sufrir. Por el contrario lo que les contaba antes fue solo el comienzo, la punta del Iceberg.

Pocas veces en toda mi carrera conocí gente tan arpía. Si, esa creo que es la mejor palabra para definirlas, en especial a C. Porqué esta es la típica mina que de frente es tu “amiga”, que pretende oficiar de confidente y que cuando menos te lo esperas te clava el puñal. Tiene la costumbre de criticar a sus colegas y le encanta el chusmerío barato intrahospitalario; es como una Viviana Canosa degradada en vejez que disfruta del cuchicheo y de armar conventillo. De hecho, no puede estar más de diez minutos seguidos sin tirar comentarios del estilo:

-          Ay chicas, vieron, el infectólogo joven que vino hoy, es el Brad Pitt del hospital!! Ojito con lo que hacen - Mientras mira a las residentes con una risa pseudocómplice pero falsa como billete de 25 pesos. En el fondo, sabe que está de vuelta, pero desearía tener 30 años menos para coquetearlo y no quedar tan mal.

Otras veces despotrica contra sus colegas y habla como si ella fuera premio Nobel de Medicina.

Por supuesto, su trato hacia nosotros, los rotantes, continuó siendo ambiguo. Por momentos se mostraba como una mujer accesible y por otros nos ponía en situaciones totalmente incómodas. En definitiva, actitudes dignas del diagnóstico psiquiátrico al que llegamos con los otros rotantes: Ciclotimia.  Disfrutaba vernos sufrir y como le encantaba tener el control no toleraba si algo se escapaba de sus planes. Si ella nos daba una orden, no había motivos para salirse de sus planes, por más mínimo que fuera el desvío.

C: - ¿Cómo puede ser que si yo dije que fueras al consultorio vos fuiste a la guardia? ACA LA QUE MANDA SOY YO!!!!!

Creo que ese intento de demostrar autoridad cuando en realidad no tiene ningún cargo jerárquico (es médica de planta como cualquier otro), no hace más que reafirmar mi convicción que lo que en realidad la aqueja es un gran complejo de inferioridad.

Es de esperar, entonces, que la mejor estrategia para llevarse bien con una persona de estas características es obviamente seguirle el juego. ¿Y que hubiera representado esto? Nutrirla con chismes, por ejemplo. Obviamente no podíamos caer tan bajo, de manera que no accedimos a eso aunque nos hubiera allanado el camino. Por el contrario, indignados con su actitud bipolar, no parabamos de criticarla cuando ella no estaba alrededor nuestro, o por lo menos, creíamos que no estaba alrededor nuestro. Y si, tanto va el pájaro a la fuente que al final que se rompe, como dice el dicho. Tanto hablábamos mal de ella que un buen día nos oyó.

Salíamos del hospital, totalmente indignados con su actitud:

-          Es una bipolar de mierda, quien se cree que es!! De repente es tu mejor amiga y de repente te odia, esta reeee loca la mina esta!!

Seguido esto, y como si algo invisible nos llamara, los 5 rotantes giramos nuestra cabeza casi al unísono para dar con la imagen de un ser esquelético cuya vista estaba fija en nosotros, situado en una esquina y fumando un cigarrillo. No era otra cosa que la doctora C.

-          Vayan chicos, háganme el favor…

Esas palabras fueron indicio que había escuchado. Y a partir de ahí supimos que se nos vendría lo peor. Atravesando la mitad de la rotación y con tu encargada que acaba de escuchar que le dijiste que es una loca de mierda, estábamos en el horno.
Tal cual como algunos lo supusimos, al otro día nos junta para hablarnos. Y demostrando su bipolaridad nos dice:

-          En tono amigable - Bueno chicoooos, ayer escuché que en la puerta del hospital estaban hablando mal de alguien….. DE QUIEN ERA??

El cambio de tono fue casi instantáneo. Su cara se transformó. Obviamente negamos que estuviéramos hablando de su persona, y dijimos que era cosa nuestra.

-          Vuelve al tono amigable – Es que si estaban hablando de mi, a mi me gustaría saberlo, para que solucionemos las cosas…

Paradójicamente su actitud lejos de exacerbarse se atenuó y a partir de allí nos comenzó a molestar cada vez menos. Evidentemente, el haber escuchado que la criticaban de esa forma la tomó de sorpresa y le movió una fibra interna. O al menos eso quiero pensar.

Creo que la Doctora C tiene el mérito de haber entrado al podio de los seres mas indeseables da la fauna médica conocidos por mí hasta ahora en mi corta vida académica. Gracias a Dios y luego del incidente que les contaba más arriba, esta bicha tomó sus vacaciones y dejó nuestra última semana de rotación a cargo de la Doctora Z. Y no es que Z sea precisamente un dulce de leche, pero por lo menos llegaba a las 10 y hacía que nuestras primeras 2 horas de la mañana transcurrieran en un ambiente distendido. Y en esa última semana que tuve un contacto más cercano con ella, descubrí en su mirada un pasado sufrido (confirmado luego por Facebook… si, si, nadie zafa de las redes sociales). Intentaba ver más allá de esa coraza auto impuesta y encontré lo que me pareció una mujer amargada, desdichada e infeliz. Y ahora entiendo, no cabe otra posibilidad que estar disconforme con la propia vida para reaccionar de la forma que reacciona con el resto. El inconformismo con uno mismo hace que no toleremos a los demás.

Por suerte mi rotación en ese servicio ya terminó y jamas volveré a pisar esos suelos ni mirar esas caras. Pero sí hay algo que les tengo que agradecer tanto a la doctora C como a la doctora Z y es: Gracias por ser mis referentes para saber en lo que no debo convertirme en un futuro! 

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