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domingo, 15 de diciembre de 2013

Y CONTINUAMOS CON LOS TRAMITES...

Hola a todos! Hace mucho que no escribo en este Blog pero quiero intentar retomar desde la última entrada en la que les conté acerca del periplo que fue conseguir el bendito certificado de título en trámite.
Como buen estudiante de Medicina de la UBA uno sabe que lo peor no es lo que pasó sino lo que está por venir. Sabes que hay mucho trámites por hacer pero no sabes ni como ni cuando ni de que forma hacerlos. No hay un manual o instructivo escrito que te lo explique pero de alguna forma lo vas aprendiendo día a día y del boca en boca.

En este punto te encontras en tu casa con el papel que dice que sos un proyecto de médico y con la felicidad del día que te lo dieron medio borrada porque sabes que nuevamente te tenes que embarcar en un mundo de tramiteríos. Y es que a partir de ahora los trámites de multiplican. Por un lado tenes que terminar de tramitar tu título, jurar y sacar la matrícula. Y por otro lado tenes que hacer lo concernierte a inscribirte en el exámen de residencia y rendirlo lo suficientemente bien como para quedar en un puesto decente y agarrar algo. Claro está que las largas filas que te esperan las vas a hacer con pila de apuntes tratando de aprovechar minuto a minuto los pocos días que te separan del exámen y todo esto en un ambiente de psicodelia medicalística generado por las otras miles de almas en tu misma situación.

En fin, hablando del título en sí mismo llegamos a un punto en que vendimos nuestra alma a la UBA y no queda más que sentarnos a esperar y rezar. No podemos hacer nada más por nuestra cuenta, ya entregamos toda la documentación necesaria, ya hicimos todas las colas que hacían falta y ahora solo nos resta esperar mientras miramos el camino que recorre nuestro trámite a través de Internet, ¿Que tul? ¿Creían que en la UBA éramos cavernícolas? ¿Qué la informática no nos había llegado aún? Bueno, les cuento que no es así. Al mejor estilo de las Unis privadas, podemos seguir el trámite de nuestro título por la interné. Podemos ver como todos esos papeles que entregamos previamente vuelven nuevamente al CBC  para ser rechequeados por vigesimaoctava vez. Vamos siguiendo a la flechita roja en su camino por los distintos pasos… “Confección de su diploma”… “Verificación por el períto calígrafo”…. “Pase a Rectorado”… hasta que finalmente llega al Ministerio de Educación que es la última fase del recorrido. Cuando este finalmente lo devuelve a la facultad nos aparece una inscripción que dice “diploma terminado” y es en ese momento que ya estamos aptos para ir a la facultad y pedir la fecha de jura pública, es decir, anotarnos para el acto en la cual nos entregaran ese hermoso papel que tanto esfuerzo nos costó conseguir.

Imagínense la ansiedad a medida que vemos que los días pasan y pasan y  ni noticias de llegar al final del trámite. Le preguntamos a nuestros compañeros y todos están en la misma. Vemos la flecha roja detenida siempre en el mismo lugar y titilando. Titila, titila, no para un segundo pero la muy puta no se mueve. La tecla F5 de la computadora a punto de hacernos huelga. Y ni te cuento si alguno ya paso de nivel y uno se quedó estancado en el mismo paso. Ya te empezas a hacer la cabeza: “no voy a llegar, no voy a llegar”. El nivel de psicosis crece día a día porque además se suma que el examen de acerca. La sensación de sentir que no sabes nada y que además no vas a poder rendir si la facultad no acelera los tramites es indescriptible.

Mientras esperamos que la flecha roja avance y estudiamos para los exámenes, vamos haciendo todo lo concerniente a la residencia. Y para eso nos tenemos que armar de mucha paciencia. Normalmente un recién graduado rinde varios exámenes como para aumentar sus chances de conseguir algún lugar para trabajar. Lo más frecuente es rendir el examen de Municipalidad (o muni, con cariño), que engloba a los hospitales públicos y universitarios de la Ciudad de Buenos Aires, el exámen de Provincia, que abarca los hospitales públicos de toda la provincia de Buenos Aires y los exámenes de los hospitales privados. Cada uno de estos últimos tiene el propio y son, por supuesto, arancelados.

Para anotarnos a dichos exámenes debemos primero juntar toda la documentación necesaria. El papelucho que dice que tenemos el título en trámite es ahora nuestro segundo DNI y nos será requerido para la inscripción en varios de estos lugares. Por supuesto necesitaremos el promedio legalizado, certificado de ayudantías si es que lo tenemos, currículum, hojas de inscripción, y plata. Cada examen cuesta aproximadamente $200, por lo que si vamos a rendir 5 exámenes privados necesitaremos nada más y nada menos que $1000. Fíjense la locura de este país que los médicos tenemos que pagar para rendir un examen que representa una prueba para ver si nos toman o no en un trabajo. Pagamos para demostrar nuestras aptitudes a través de un examen para ver si deciden tomarnos o no en un trabajo. De más está decir que el examen no lo es todo, y que si lo aprobamos, pasamos a una entrevista donde nunca falta el arreglo y la selección a dedo. Aunque incomprobable vemos como milagrosamente alguien que quedo en el puesto 25 queda primero en el ranking luego de una maravillosa entrevista. Pero más patético que esto es lo que gana un Residente de primer año en estos hospitales privados. Los sueldos rondan los $4500 a $6000. Se conoce el horario de entrada (7 o 7.30 para las especialidades clínicas y 5 de la mañana para las quirúrgicas) pero no el de salida. Pueden ser las 7 de la tarde, las 8, las 9, las 10. Nadie lo sabe y uno se termina yendo cuando el trabajo se termina. A eso hay que sumarle entre 8 y 12 guardias mensuales de 24 hs. O sea que si entramos a la 7 de la mañana del martes y ese día nos toca guardia, saldremos a las 8 o 9 de la noche del miércoles.

Y finalmente llega el día en que la flecha roja llega a su destino, el día en que haces tu última cola para pedir fecha de jura y el día en que te reunís con todos tus seres queridos a recibir tu diploma. Es tal la felicidad que te invade en ese momento que no hay manera de describirlo. Todo el que estudió una carrera sabe de lo que hablo. Años de esfuerzo se resumen en ese acto, en ese último discurso, en ese himno que suena y en esa mirada a tus amigos y a tu familia. Y para culminarlo, la UBA te pone carrozas de fuego al final.

En fin, sea como sea encontras la manera de anotarte a los exámenes, rendirlos, jurar y tramitar tu matrícula, todo en tiempo y forma y por supuesto a costa de una gran carga de estrés. Es el primer paso de un largo camino que es convertirse en especialista.

domingo, 28 de abril de 2013

Y SE TERMINA LA CARRERA...


Ya hace tiempo que no comparto nada con ustedes en el Blog. Admito que anduve medio desaparecido. Es que la libido por la escritura se activa por períodos y las ganas de escribir van y vienen.
Pero la verdadera razón que me mantuvo alejado de escribir este libro cibernético de vivencias fue la que les voy a contar en esta ocasión. Resulta que me embarqué en una de las aventuras más grandes de mi vida. Una de esas aventuras llena de misterios, desencuentros, alegrías y tristezas. Les adelanto que ni hice un viaje soñado ni tampoco conocí al amor de mi vida, nada más y nada menos comencé a tramitar mi título.

Ahora les pido que se abstraigan y se transporten imaginándose el peor trámite que alguna vez hayan tenido que hacer. Imagínense horas de cola en un banco, gritos a una empleada de ANSES, largas esperas en la línea de personal escuchando su música y aguardando una voz humana que los atienda. Ahora, para que se den una idea de lo que es tramitar el título de médico en la Universidad de Buenos Aires, multipliquen esa sensación por 100.

Pero si les voy a contar, se los voy a contar bien, asique empiezo desde el principio. Todo comenzó unos meses atrás cuando aún estaba viviendo en el limbo del IAR. Ya a partir de ese momento, uno tiene que comenzar a reunir la documentación necesaria para iniciar el largo y tedioso camino que finalmente te convierte en galeno. Y una primera premisa que tenemos que conocer de la UBA es la siguiente: Le gusta ser reiterativa. Nunca jamás subestimen una documentación ni piensen que nunca más puede ser solicitada. El hecho que ya hayamos entregado un papel hace 5 o 6 años, no implica que el mismo no pueda sernos requerido nuevamente.

La segunda premisa es: Toda documentación debe estar legalizada por el departamento de legalizaciones de la UBA. Suena lógico, la universidad debe asegurarse que los mismos no han sido falsificados. Así que ya les digo, todo lo pasan por Uriburu (como se encuentra sobre esa calle, así lo llamamos nosotros). Analítico del secundario… a Uriburu, certificado del CBC… a Uriburu, certificado de título en trámite… a Uriburu, espermograma... a Uriburu.
Lo primero que hacemos es acercar toda la documentación a la facultad para que empiece a ser chequeada. La universidad realiza en forma periódica censos internos para evaluar la cantidad de docentes y alumnos. Y acá viene la tercera premisa: NUNCA SE OLVIDEN DE PRESENTAR UN CENSO. Censo general, censo del IAR, censo de rematriculación, llévenlos todos SIEMPRE. Si sumamos la premisa 1 y la premisa 3, nos daremos cuenta que nos serán requeridos un mínimo de 3 o 4 veces, asique imprimimos varios de una vez y nos ahorramos futuros dolores de cabeza.

Pasan varios meses y llega el momento de rendir nuestro examen final: el examen del IAR. Nos reunimos todos en el aula magna de la facultad, listos para rendir el último choice de la carrera y pisarla por última vez como alumnos. Lo rendimos, lo aprobamos y somos felices, al menos por unos días. El fervor de la felicidad se interrumpirá una semana después, cuando ya estemos listos para obtener nuestro certificado de título en trámite. Ese papelucho es el que nos va a servir para inscribirnos en los exámenes de residencia que, si todo sale como lo esperado, nos proporcionaran una fuente de trabajo los próximos 4 o 5 años y nos darán la especialidad a la cual nos dedicaremos durante el resto de nuestras vidas. Todo eso se resume en ese papel… ese papel define el destino de nuestro próximo lustro. Todo debe hacerse rápido y sin contratiempos, el tiempo nos corre de cerca y sabemos que si tenemos viento a favor el diploma estará listo en 2 meses y medio, bien cerquita del momento de ingreso a las residencias, para las cuales necesitaremos naturalmente estar matriculados.

Llega el día, 500 personas en el interior del edificio de Paraguay 2155, sede de la facultad de Medicina, esperando. Esperar, es lo que haremos durante todo ese día. Esperar a que abra una ventanilla y luego la siguiente. Solicitar un comprobante que nos habilite a sellar otro, el cual nos permita pagar un tercero, para presentar un cuarto, que nos dará el quinto y así sucesivamente. Hordas de personas desplazándose en masa, todos haciendo lo mismo. No importa si no sabes los pasos, que de por sí muy complicados son, basta solo con seguir a la masa humana. Ellos te guiarán a conseguir ese papel que representa el comienzo de tu vida médica.

Finalmente, llega la última hora y ya tenes en tu poder el enésimo comprobante que es el que te permitirá obtener el preciado certificado de título en trámite. La masa se hace más grande. La masa se agolpa y espera. Se abre una puerta y sale de ella una empleada pública gritando, “Entreguen la documentacióooooooon”. En el intento en vano de atravesar la multitud, el esfuerzo se agota y se opta por lo más sencillo pero a la vez más arriesgado: pasarle tus documentos al de al lado para que ese haga lo haga con el siguiente y asi sucesivamente, y verlo alejarse de manera irreversible. Y es en ese momento que se te paraliza el corazón y una gota fría te recorre las sienes, viendo a tu documento y al enésimo comprobante sobrevolar una inmensidad de manos perdiéndose en el horizonte. Si se pierde, si se cae, si se estruja ¿Qué puede ocurrir? Mejor es no saberlo. Pobre al cristiano que eso le ocurra.

Transcurridos unos 30 minutos, la misma voz calla a la masa de un grito y comienza a enunciar nombres. Esos nombres son los de los afortunados que momentos después tendrán en sus manos su certificado. Como es de esperar, el mismo recorre en sentido inverso las manos de esa multitud para llegar a las propias y dibujarnos una sonrisa que nos quedará grabada por el resto del día. Eso significa dos cosas, la documentación que entregué no se perdió y tengo un certificado que dice que mi título está próximo a ser “fabricado”. Gritos de alegría y abrazos en ese momento cúlmine del día. Por supuesto que no termina ahí y siguiendo la premisa número 2 hay que ir a legalizarlo a Uriburu. Pero ya, la felicidad, no nos la quita nadie. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

INSTRUYENDO MI IGNORANCIA


Llega un momento de la vida en que te recibís y te pones a estudiar para el examen de residencia. Ahí mismo te das cuenta que no solo sos un analfabeto de la medicina sino que tampoco tenes cultura general porque los últimos 8 años te la pasaste leyendo libros médicos. No es una sensación copada.

Te das cuenta de esto cuando hablas con alguien de tu misma edad pero recibido de otra carrera. Un abogado o un economista pueden tranquilamente destacarse en una sobremesa charlando de la situación social, política y económica del país. En cambio, le preguntas a un médico de la inflación y lo único que te puede llegar a decir es que hace que las cosas estén cada vez más caras. Fuera de eso, hace agua. Es que las demás carreras ya de por sí te dan cultura general. Ahora, ¿Que cultura general te da Medicina? Nada, absolutamente. Con lo único que te podes "lucir" es explicando que es una hemorroide o para que sirve el pulmosan, y hasta por ahí nomas.
Si pudiéramos ser mosca e infiltrarnos en ese almuerzo imaginario entre abogado, economista y médico veríamos que este último permanece como observador no participante, simplemente asintiendo a lo que dicen los otros dos y con suerte comprendiendo el 20 o 30%. Es que el proceso de convertirnos en médicos, no solo evita que nos cultivemos sino que aniquila gran parte de nuestra materia gris.

Por eso los médicos tienen amigos médicos. Entre ellos se entienden y aunque no quieran, las conversaciones siempre derivan en algo hospitalario/técnico que es el terreno sobre el cual se sienten cómodos y seguros, que solo ellos comprenden y que de ninguna manera podrían compartir con profesionales de otras áreas. Hasta los chistes tienen jerga propia:

- Che Raúl, ¿Viste como le dicen a la Dra. Pascuarelli?
- ¿Como Jose?
- Virus polio
- ¿Por qué?
- Porque ataca a los pendejos

Y así ríen a carcajadas mientras el resto de la gente normal los mira sin llegar a entender bien la situación.

Es natural entonces, que la pareja de un médico sea también médico. Es que les molesta tener que explicar cosas técnicas que para ellos son obvias y que no hacen más que entorpecer la conversación. Les pongo el ejemplo de una charla de novios:

-          ¿Y como te fue en la guardia mi amor?
-          Bien, pero re cansada. Estuve toda la noche con un TEC que cayó a las 3 de la mañana. La TAC salió recién a la 8 y tenía un Glasgow de 4/15 y una anisocoria mortal, en cualquier momento se nos enclavaba mal.
-          Ahhhhh, mira vos… (?)

Viéndolo del otro lado, creo que para el no médico tampoco es grato escuchar un conjunto de siglas tras otro sin saber bien que significado tienen. A veces creo que nuestros familiares nos preguntan como nos fue de puro compromiso. Uno ve como sus miradas se van perdiendo a medida que avanza la conversación (o monólogo nuestro) hasta que finalmente nos cortan de golpe con cosas como: "Ay mirá, parece que Juanita Viale se peleó con el marido!". Ahí nos damos cuenta que ya no nos quieren escuchar más. Pero por otro lado, es común que a la gente le llame la atención cuando se cuentan anécdotas de guardia o historias por el estilo y trate de interiorizarse preguntando cosas como ¿Y qué es la artritis reumatoide? Nada (o casi nada) saca más de quicio a un médico que tener que explicar que es, como se diagnostica o como se trata una enfermedad.

A su vez, a los médicos no les gusta cuando la conversación toma un tono demasiado filosófico. Simplemente no se sienten cómodos, no saben que decir.

-          ¿Y vos a que te dedicabas?
-          Yo soy antropólogo, me ocupo del estudio de las incertidumbres de índole ontológica, centrando más que nada mi atención en el hombre y tomando en cuenta una variedad de aspectos de la existencia humana, pasada y presente, combinando estos materiales diversos en un abordaje íntegro del problema de la existencia humana. ¿Y vos que haces?
-          Soy médica.

Y en ese mismo momento piensa 1000 y una maneras relativamente convincentes de abortar la cita. ¿Cómo empezar una relación con alguien si ni siquiera pudiste entender a que se dedica?

Otro aspecto de las deformidades que se adquieren a lo largo de la carrera y que nos van haciendo ignorantes tiene que ver con la escritura. Mientras un licenciado en letras acrecienta su vocabulario, perfecciona su lenguaje y mejora su sintaxis a medida que avanza en su carrera, el aspirante a galeno aprende a resumir. Olvida varias de las palabras que traía de la escuela (incluso como escribirlas correctamente) y adquiere un nuevo y descomunal vocabulario técnico. Deforma su caligrafía y usa muchísimas abreviaturas:

Paciente con HTA, DBT, TBQ, EPOC, ICC sufre un IAM. Se solicita RX TX. (léase: paciente con hipertensión, diabetes, tabaquista, enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardíaca congestiva sufre un infarto agudo de miocardio. Se solicita radiografía de tórax).

Los acentos dejan de existir, al igual que el punto y coma, y en los peores casos también se extinguen los puntos y las comas. El médico solo sabe escribir historias clínicas y llega un punto de su vida en que la irreversibilidad se apodera de sí y hace que incluso algo tan simple como redactar una carta se convierta en una tarea imposible y que el intento termine en un cúmulo de frases inconexas y sin sentido. Así de mal nos hace esta carrera.

Con el correr de los años, el cerebro del galeno ya maduro se va atrofiando. Le resulta una tarea difícil leer novelas de Borges o Cortázar y se inclina por los libros de autoayuda tipo Stamateas o Paulo Coelho. Lo mismo ocurre con los films, desiste de ver historias con tramas muy profundas y prefiere las de acción o las comedias románticas vacías si de una mujer se trata.

Y cuando uno hace memoria piensa…mierda que leí en mi vida. La cantidad de libros, papers y apuntes que pasaron por estos ojos es descomunal. Los cadáveres de los  resaltadores, biromes y cuadernos gastados que me miran desde el costado de mi habitación solo me recuerdan que por cada tecnicismo ganado, una pizca de cultura fue resignada. Es que el conocimiento no es infinito y si aprendo como tratar una neumonía me olvido la capital de Honduras. Habrá que aceptar lo que nos tocó y resignarnos a que no nacimos para ser eruditos.

Entonces lo acepto y lo digo con orgullo: Soy un médico ignorante… ¿Y qué?


Dedicado a una amiga que me inspiró... para vos LFB

viernes, 10 de agosto de 2012

EL ULTIMO BASTIÓN DE VAGINAS


Como les contaba en un post anterior, mi rotación por el servicio de obstetricia llegó a su fin y trajo consigo la grata noticia de nunca mas tener que ver siquiera la cara de la jefe del mismo ni la del resto de la troupe de conchólogos profesionales que la acompañan. Pero de lo que no me libré aún es de tener que atender féminas o, en todo caso mirar mientras las atienden. Y, claro, para que cierre como corresponde, faltaba la frutilla del postre. Ahora me toca rotar en Ginecología.

Reiteradas veces he hecho entradas acerca de los ginecólogos. Como son, como piensan y lo que opino de los que me ha tocado conocer. Y como ya saben, donde hay un ginecólogo yo ya me mal predispongo. No sé porque, evidentemente lo debería tratar con mi psicólogo, pero no me huelen bien. Sobretodo los entrados en años, es gente que no me cae.

Con este preconcepto particular que tengo sobre ellos y viniendo de una experiencia bastante traumática del mes anterior, atravesé la puerta de gineco de mala gana. Pero tengo que admitir que el servicio de mi hospital es muy relajado en el trato con los rotantes. Se respira un aire de tranquilidad que contrasta completamente con la tensión que se vivía un piso más abajo y que hacía que el aire se cortara con tijera. En los pases de sala hay mate (hasta el mismo jefe nos seba, cosa que no creo que se vuelva a repetir nunca en ningún lado de ahora hasta que me jubile), los médicos se encuentran abiertos a recibir preguntas y explicar y por ende nosotros a sacarnos todas las dudas que tengamos. En definitiva, se va a trabajar contento y con buena onda.

Pero como no podía ser de otra manera, siempre hay “personajes” dignos de ser comentados.

El jefe del servicio es un sesentón canoso y naturalmente, como todos los jefes, con años de experiencia. Se lo nota un hombre dedicado con los pacientes y aparenta buena persona; es de esos tipos que no tienen intención de joder a nadie. Pero hay una característica de su persona que hace que los pases de sala a su cargo sean muy graciosos, y es su despiste. En otras palabras, es un viejito copado pero que cuelga. 

Jefe: - ¿Le diste el alta a Florez?
R1: - No Doctor, esa paciente ingresó ayer
Jefe : - Pero, ¿No es la del aborto?
R1: - No, esa es Gutierrez. Esta es la del cáncer de ovario
Jefe: - Ahhh, esta bien. ¿Y como fue la cirugía? ¿Se recupera bien?
R1: - … es que la vamos a operar mañana
Jefe: - Pero como, no entiendo… ¿No la operaron ayer?
R1: Hoy venimos lento – No, ayer operamos a Rojas de un mioma uterino
Jefe: - Ahh, cierto, tenes razón, Rojas. Bueno… - Se queda pensando
R1: …
Jefe: - ¿Cuál era la del aborto?
  
Pero también en mi hospital encontré Doctoras como Torosentado (quizás la recuerden de la entrada GINECOLOGOS, GINECOLOGOS). Casualmente (o causalmente, nunca lo sabré), las profesionales más amargadas y conflictivas son siempre mujeres. No conozco el porqué de esta cuestión ni tampoco tengo nada en contra del género, todo lo contrario, pero es una observación casi constante. Las peores de todas son las que están cerca de alcanzar su jubilación. De estas, casi ninguna zafa.

Un día tuve la “dicha” de asistir al consultorio de PAP y colposcopia. Al mismo van tanto pacientes para el control normal que toda mujer debe hacerse, como otras que son seguidas por alguna patología en particular.
El consultorio es una habitación con 2 camas ginecológicas separadas por una mampara cuya función es evitar el contacto visual entre las dos pacientes que van a ser revisadas simultáneamente (por dos médicos distintos, por ahora) y de esa manera darles un poco de privacidad. Uno de los médicos es un residente y el otro es uno ya experimentado que es el que guía al primero y le aclara las dudas. Por lo que pude observar, la mencionada mampara es el único detalle que intenta preservar la intimidad de las mismas.
Y es que yo me imagino la situación de estar acostado con las piernas abiertas y con alguien metiéndome un plástico para abrirme todavía un poco mas, mirando mis profundidades y obteniendo muestras de las mismas y realmente no es algo muy lindo que digamos. Por ende, lo que más querría es que eso se haga en un ambiente que preserve la poca dignidad que a uno le queda después de este acto médico.

Pero en el hospital esto no ocurre. Una larga fila de mujeres aguardan ser revisadas y el consultorio funciona como una máquina de hacer chorizos. La puerta se abre con una frecuencia de no más de 7 minutos y ya desde el vamos nos recibe una enfermera de 60 años, portando su ambo verde fluorescente cual empleada pública de Gasalla y pintarrajeada a mas no poder. Mira a la interminable fila con gesto de desaprobación e invita a pasar a la siguiente paciente:

-          La que sigueeeeeeeee!!!

Siempre es de la misma manera. Seguido esto, la paciente ingresa cual vaca al matadero para salir 7 minutos después y dar lugar a la próxima.
Una vez dentro del consultorio, la misma enfermera repite mecánicamente una instrucción que viene impartiendo desde hace como mínimo 40 años:

-          Sacate la bombachita y sentate en la camilla... y con la colita bien afuera ehhh

Acto seguido y con solo un “hola” de por medio, la médica que realizará el examen le encaja el espéculo. Todavía no entiendo como hacen, pero en no más de 5 minutos ven y obtienen todo lo que necesitan. Eso, sumado a los 2 minutos que tarda la paciente en vestirse y desvestirse suman los 7 que debe durar el examen.

Cuando por alguna que otra razón el examen se dilata más de lo debido, la médica más vieja acelera el trámite como sea, como en la siguiente situación:

Residente de segundo año intentando colocar el espéculo en una paciente muy pero muy nerviosa. Estaba tan nerviosa y contracturada que era casi imposible empezar con el examen. Primer intento, rompe un espéculo de plástico. Segundo intento con cambio de tamaño y también lo rompe. Naturalmente, la manera de solucionar esta situación es darle a la paciente el tiempo que necesite para tranquilizarse o hacerla salir del consultorio y llamarla nuevamente más tarde. La residente, ya un poco inquieta y viéndose la que se le venía si fallaba una vez más, decide intentar con un espéculo de metal. Justo en ese momento, asoma por el costado de la mampara separadora la cara de la conchóloga madura que dice:

-          Mirá que hay muchas pacientes afuera ehh. A ver si aceleramos un poquito...

Obviamente este comentario puso aún más tensa a la paciente. Si antes rompía espéculos de plástico yo creo que ahora le ponías una manzana y sacabas sidra. Resultado, tampoco se pudo con el de metal y la paciente tuvo que volver otro día.

Y es que muchas veces el paciente se despersonaliza ante el médico y pasa a ser solo una enfermedad. No se cual es la causa de que esta situación ocurra, pero lo cierto es que pasa. Entonces escuchamos:

-          ¿Ya revisaste a la mama de la cama 4?
-          Che, vos que la viste, ¿Está mejor el prolapso de cama 7?
-          Preparate que hay un útero en quirófano para raspar

Y uno se imagina un útero, solito, en el medio de la camilla esperando ser raspado. No nos acostumbramos a llamar a los pacientes ni por su nombre ni, aunque sea, por la palabra paciente.

Y no todo se lo van a llevar los médicos, no no no. Como siempre hay una enfermera que nos saca de quicio. Mientras estan las dedicadas y que realmente son de una ayuda impresionante, también están las otras, esas que nacieron para joder. Parece que hicieran horas extras de hijoputez.

TOTA ronda lo 50 y pico, es rubia (mal teñida, por supuesto) y muy demostrativa, tanto que ya es bizarra. Camina por los pasillos de la sala de internación arrastrando el carrito lleno de los suministros médicos que necesita para sus quehaceres y gritando:

-          Se me corren del pasillo por favooorrrr

Tota cree que porque trabaja en el hospital hace 30 años puede hacer lo que quiere. ¿Por qué debería seguir la indicación de una pendeja de 25 que recién entró hace dos meses? La respuesta, Tota, es que la pendeja es médica y vos sos enfermera. Y con esto no desmerezco para nada a las enfermeras. Pero a gente como Tota le cuesta aceptar que gran parte (o casi todo) su trabajo diario se basa en cumplir las indicaciones médicas. Entonces, Tota hace lo que se le canta. Si el médico indica un antibiótico por vena y ella no lo encuentra, se lo da por vía oral y no avisa. Si esta cansada de sacar sangre y el médico necesita una muestra le dice: ¿Y porqué no se la sacas vó?  Cree que le hace un favor cuando en realidad solo cumple con su trabajo.
Y por sobre todas las cosas es maleducada. A esta altura solo queda esperar su jubilación. 

En una semanita termino con esto y ya le dejo de sacar el cuero a los ginecos. Despues, sigue cirugía y ahí, nos vamos a divertir.

jueves, 26 de julio de 2012

ADIOS OBSTETRICIA


En un post anterior dije que los ginecoobstetras iban a ser la mayor musa inspiradora del contenido de este blog, y no me equivoqué. Definitivamente lo que viví dentro del servicio de maternidad fue bastante… “jugoso” por decirlo de alguna manera. Como era de esperar, ni la Doctora C ni la Doctora Z saciaron sus ansias de vernos sufrir. Por el contrario lo que les contaba antes fue solo el comienzo, la punta del Iceberg.

Pocas veces en toda mi carrera conocí gente tan arpía. Si, esa creo que es la mejor palabra para definirlas, en especial a C. Porqué esta es la típica mina que de frente es tu “amiga”, que pretende oficiar de confidente y que cuando menos te lo esperas te clava el puñal. Tiene la costumbre de criticar a sus colegas y le encanta el chusmerío barato intrahospitalario; es como una Viviana Canosa degradada en vejez que disfruta del cuchicheo y de armar conventillo. De hecho, no puede estar más de diez minutos seguidos sin tirar comentarios del estilo:

-          Ay chicas, vieron, el infectólogo joven que vino hoy, es el Brad Pitt del hospital!! Ojito con lo que hacen - Mientras mira a las residentes con una risa pseudocómplice pero falsa como billete de 25 pesos. En el fondo, sabe que está de vuelta, pero desearía tener 30 años menos para coquetearlo y no quedar tan mal.

Otras veces despotrica contra sus colegas y habla como si ella fuera premio Nobel de Medicina.

Por supuesto, su trato hacia nosotros, los rotantes, continuó siendo ambiguo. Por momentos se mostraba como una mujer accesible y por otros nos ponía en situaciones totalmente incómodas. En definitiva, actitudes dignas del diagnóstico psiquiátrico al que llegamos con los otros rotantes: Ciclotimia.  Disfrutaba vernos sufrir y como le encantaba tener el control no toleraba si algo se escapaba de sus planes. Si ella nos daba una orden, no había motivos para salirse de sus planes, por más mínimo que fuera el desvío.

C: - ¿Cómo puede ser que si yo dije que fueras al consultorio vos fuiste a la guardia? ACA LA QUE MANDA SOY YO!!!!!

Creo que ese intento de demostrar autoridad cuando en realidad no tiene ningún cargo jerárquico (es médica de planta como cualquier otro), no hace más que reafirmar mi convicción que lo que en realidad la aqueja es un gran complejo de inferioridad.

Es de esperar, entonces, que la mejor estrategia para llevarse bien con una persona de estas características es obviamente seguirle el juego. ¿Y que hubiera representado esto? Nutrirla con chismes, por ejemplo. Obviamente no podíamos caer tan bajo, de manera que no accedimos a eso aunque nos hubiera allanado el camino. Por el contrario, indignados con su actitud bipolar, no parabamos de criticarla cuando ella no estaba alrededor nuestro, o por lo menos, creíamos que no estaba alrededor nuestro. Y si, tanto va el pájaro a la fuente que al final que se rompe, como dice el dicho. Tanto hablábamos mal de ella que un buen día nos oyó.

Salíamos del hospital, totalmente indignados con su actitud:

-          Es una bipolar de mierda, quien se cree que es!! De repente es tu mejor amiga y de repente te odia, esta reeee loca la mina esta!!

Seguido esto, y como si algo invisible nos llamara, los 5 rotantes giramos nuestra cabeza casi al unísono para dar con la imagen de un ser esquelético cuya vista estaba fija en nosotros, situado en una esquina y fumando un cigarrillo. No era otra cosa que la doctora C.

-          Vayan chicos, háganme el favor…

Esas palabras fueron indicio que había escuchado. Y a partir de ahí supimos que se nos vendría lo peor. Atravesando la mitad de la rotación y con tu encargada que acaba de escuchar que le dijiste que es una loca de mierda, estábamos en el horno.
Tal cual como algunos lo supusimos, al otro día nos junta para hablarnos. Y demostrando su bipolaridad nos dice:

-          En tono amigable - Bueno chicoooos, ayer escuché que en la puerta del hospital estaban hablando mal de alguien….. DE QUIEN ERA??

El cambio de tono fue casi instantáneo. Su cara se transformó. Obviamente negamos que estuviéramos hablando de su persona, y dijimos que era cosa nuestra.

-          Vuelve al tono amigable – Es que si estaban hablando de mi, a mi me gustaría saberlo, para que solucionemos las cosas…

Paradójicamente su actitud lejos de exacerbarse se atenuó y a partir de allí nos comenzó a molestar cada vez menos. Evidentemente, el haber escuchado que la criticaban de esa forma la tomó de sorpresa y le movió una fibra interna. O al menos eso quiero pensar.

Creo que la Doctora C tiene el mérito de haber entrado al podio de los seres mas indeseables da la fauna médica conocidos por mí hasta ahora en mi corta vida académica. Gracias a Dios y luego del incidente que les contaba más arriba, esta bicha tomó sus vacaciones y dejó nuestra última semana de rotación a cargo de la Doctora Z. Y no es que Z sea precisamente un dulce de leche, pero por lo menos llegaba a las 10 y hacía que nuestras primeras 2 horas de la mañana transcurrieran en un ambiente distendido. Y en esa última semana que tuve un contacto más cercano con ella, descubrí en su mirada un pasado sufrido (confirmado luego por Facebook… si, si, nadie zafa de las redes sociales). Intentaba ver más allá de esa coraza auto impuesta y encontré lo que me pareció una mujer amargada, desdichada e infeliz. Y ahora entiendo, no cabe otra posibilidad que estar disconforme con la propia vida para reaccionar de la forma que reacciona con el resto. El inconformismo con uno mismo hace que no toleremos a los demás.

Por suerte mi rotación en ese servicio ya terminó y jamas volveré a pisar esos suelos ni mirar esas caras. Pero sí hay algo que les tengo que agradecer tanto a la doctora C como a la doctora Z y es: Gracias por ser mis referentes para saber en lo que no debo convertirme en un futuro! 

miércoles, 27 de junio de 2012

BIENVENIDO IAR!


Llega el primer día de IAR (internado anual rotatorio) y me entero que comienzo rotando en el servicio de ginecología y obstetricia de mi hospital. En el IAR, los alumnos de Medicina que ya terminamos de cursar todas las materias de la carrera intentamos aplicar los conocimientos teóricos adquiridos durante todos estos años, ayudados por médicos superiores de cada área, en las especialidades denominadas “básicas” (Clínica Médica, Cirugía, Pediatría y la susodicha GyO).

Llego al hospital y voy al piso de Maternidad. Lo primero que me encuentro es una cantidad impresionante de grafitis en las paredes. Estas inscripciones invaden desde el hall de recepción hasta la última habitación del piso pasando por todas y cada una de ellas. Son mensajes de bienvenida a los niños que nacen en el nosocomio, entonces es común ver escrito con fibron rojo sobre el mármol blanco veteado (si señores, los hospitales de antes eran señores hospitales): “…Vienvenido Brandon Elián Gamorro, te keremos tus avuelos”. En fin, al principio es chocante pero lamentablemente uno se va acostumbrando a este tipo de cuestiones.

Desconociendo cuales serían las actividades que me tocaría desarrollar, simplemente me dirijo con mis otros compañeros al servicio y pregunto por algún médico disponible. Nos recibe muy cálidamente una profesional ya entrada en años que nos comienza a interrogar. De ahora en más la llamaré Doctora C.
La Doctora C es muy delgada, casi raquítica. Su pelo cobrizo finamente planchado a la cara, sus ojos que detrás de unas gafas importantes nos estudiaban de arriba abajo y una sonrisa que rápidamente noté fingida fue lo primero que me alertó que algo malo estaba por ocurrir. Nos hace pasar a un despacho y nos comienza a hacer preguntas para “conocernos mejor”.

Doc C: -Y cuéntenme, ¿Qué especialidad quieren seguir?
Rotante 1: -Anestesiología
Doc C: - ¿Tu papá es anestesista?
Rotante 1: -No
Doc C: - Ahh, entonces ¿Tu tío es anestesista?
Rotante 1: -No
Doc C: -(impacientándose de no encontrar a ningún familiar que sea anestesista). Esta bien, entonces ¿Tenes algún primo o hermano anestesista?
Rotante 1: -No tengo a ningún familiar anestesista (y nos mira de reojo pensando, ¿Qué le pasa?)
Doc C: -Ahh bue, esta bien… (Mientras hace una mueca de desaprobación y sigue preguntando al de al lado)

Nunca entendí por qué había que tener un familiar anestesista para ser anestesista. O sea, ¿Y como surgió el primer anestesista del mundo? Ahora resulta que si no presentas un certificado de familia no te dejan entrar, por favor!!

Luego de hacernos preguntas generales que fueron seguidas de entreceño fruncido y muecas varias nos invita a sentarnos:

-          Y cuéntenme, ¿De donde son? Ustedes no hicieron la materia acá, ¿No es cierto?
-          No, la hicimos en Sarasa
-          Ahhh, en Sarasa (dice asintiendo mientras mira a otro colega con cara de “pobres pibes” y esboza una sonrisa socarrona), Bue, vamos a ver que aprendieron en Sarasa…

Ahí es cuando comenzó algo que no esperaba que ocurriera el primer día. Un interrogatorio digno de examen seguido de una cara de desaprobación tras otra. Finalmente, no dice: “Chicos, están muy flojos, vayan a leer y después vengan que les sigo preguntando”. Resultado: 1 hora leyendo en lo que se supone que debería ser un ámbito de prácticas.

Más tarde asistimos al pase de sala de pacientes. Allí, las Médicas Residentes comentan una por una las pacientes internadas y su situación clínica. En el medio de dicho pase, entra a la habitación la que de ahora en más voy a denominar la doctora Z.
La doctora Z es la Jefa del servicio de Obstetricia. Está entrada en años y entrada en kilos. Viste solo de casaca; sus labios rosados con color por fuera de sus límites y sus uñas verdes son una combinación llamativa que parecen haber sido obra de un paciente psiquiátrico. Su actitud demuestra cierto grado de cansancio con la vida. Arrastra sus pasos y sus palabras casi pareciendo adormecida. Pero la muy turra esta más despierta que cualquiera esperando la situación perfecta para largar el comentario más inapropiado o  simplemente para sacar de quicio a los demás. Y como sabe que a quien saca de quicio es un subordinado que se la tiene que aguantar, se regocija el doble.

Doc Z: -Y decime (dirigiéndose a una residente), ¿Por qué a esta paciente le ponen Hierro?
Residente: - Porque la paciente está anémica y bla bla…
Doc Z: - No, no no…. Acá dice Hierro y el hierro no existe.
Residente: - Bueno, en realidad le damos Sulfato Ferroso…
Doc Z: -Ahhhh, viste que no le das hierro. ¿Sino que tengo que pensar? ¿Qué le hacen chupar un clavo oxidado a la paciente?
Residente: - ¿?

Lo que podría ser un comentario gracioso ella lo transforma en una cagada a pedos de mala manera. La mirada sobradora devora por completo a la residente y la deja con una simple respuesta posible: “…Diculpe Doctora, ya lo cambio”, mientras en realidad está pensando “la próxima vez te enveneno el café por hija de puta”.

Nadie quiere a la doctora Z y como su autoridad es impuesta nadie le tiene respeto tampoco. Porque es verdadero líder quien sabe conducir a un grupo con aceptación de sus integrantes y respeto innato, per se. Este sapo viejo y arrogante, en cambio, es solo un intento de lo que seguramente quiso alguna vez ser y no pudo.

Ahora se viene un mes aguantando a estos personajes y seguramente viviendo un montón de historias interesantes para contar.
Definitivamente los Ginecoobstetras van a ser los mayores inspiradores de mi “musa” escritora. ¡Aunque sea, gracias por eso! 

SEGUIMOS CON LA MALDITA BUROCRACIA


Les cuento como siguió la historia en la secretaría de Ginecología donde habían perdido la hoja con las notas. Finalmente, la opción que pensé más correcta para solucionar el problema fue la de apersonarme a la misma y ver como la empleada tomaba nota de mi calificación para pasarla a una planilla nueva. Si bien el tener que desplazarme más de 10 km especialmente para eso no me causó ninguna gracia y distó mucho de ser tan sencillo como enviar cómodamente un e-mail desde mi propia casa, decidí que era lo más correcto dado el evidente bajo nivel de intelecto de la persona destinataria del correo electrónico. Además, ya me habían rebotado el mail cuatro veces por tener la casilla llena.

En fin, llego y le paso mi nota. A los 5 días recibo un llamado de una compañera que me comenta que voy a tener que volver porque las notas se perdieron otra vez. Ya se que parece algo inventado pero juro que es real. ¿Cómo una persona puede ser tan idiota de perder no solo una vez, sino dos veces un papel con más de 10 calificaciones?
Asíque tuve que repetir la misma secuencia de ir hasta el lugar, volver a verle la cara de marmota a la secretaria (y contenerme de no pegarle) y pasarle de nuevo mi calificación.

Hasta ahora no hay novedades en la página de Internet.

Que país!!

jueves, 21 de junio de 2012

AYUDANTES QUE NO AYUDAN

Hoy les voy a escribir acerca de unos personajes particulares: Los ayudantes de anatomía. Primero que todo, les tengo que contar un poco que significa la palabra “ayudante” en el contexto de una carrera universitaria, en este caso Medicina. Los ayudantes son alumnos de años más avanzados de la carrera que ingresan dentro de una cátedra (anatomía, histología, fisiología) para dar clases prácticas a otros alumnos. La idea es orientarlos y ayudarlos a comprender los distintos temas de la cursada. Además, pueden tomarles evaluaciones parciales y calificarlos.


Así como los cirujanos se destacan del resto de los integrantes de la fauna médica por su personalidad tan característica, los ayudantes de anatomía se destacan del resto de los ayudantes “comunes” por la misma cuestión. ¿Y como no lo van a hacer si la mayoría son pichones de cirujanos? Son la semilla de lo que años después germinará como un carnicero matriculado hecho y derecho.

Los ayudantes de anatomía tienen varias cosas a favor. Por un lado, su materia está en el primer año de la carrera. Esto implica que durante un año entero van a tener en frente a una criatura indefensa con nulo conocimiento de lo que es la carrera (y la vida en muchos casos) y con muy poca capacidad de refutar cualquier cosa que ellos digan. Por otro lado, al ser su primer contacto con la facultad, los alumnos los tomaran como referencia e inconscientemente los idolatrarán, alimentando aún más su ego y terminando de cerrar el círculo vicioso. Durante sus primeros años como ayudantes, pasaran de ser simples humanos a ser seres superiores. Se convertirán en una especie de pseudo Dioses y terminaran de completar su divinidad cuando su sello diga “MEDICO CIRUJANO”.

Los ayudantes de anatomía no asumen como única función la de explicar los temas de la materia que les incumbe, por el contrario, ellos piensan que el recién llegado necesita ser disciplinado. Son muy comunes los sermones impartidos al alumnado que recién pisa el suelo de Fmed y los esbozos de risas socarronas que emiten por detrás.

“…Acá se ingresa a las 6 de la tarde. Ni cinco minutos mas, ni cinco minutos menos…”

Mientras miran fijo a los ojos despavoridos de los pibes puestos en fila, con el ceño fruncido y regocijándose en sus adentros.

En el momento del examen, ingresan a los alumnos en un aula para la ocasión. Generalmente hecha de cemento y pintada de gris oscuro y con el 50% de los tubos de luz rotos, queda con una tenue iluminación que favorece el clima de miedo generalizado que se respira. Uno espera ahí sentadito a que lo llamen como si estuviera esperando un verdugo para que lo decapite. En un momento, entra un ayudante con una hoja y nombra dos o tres alumnos. Se escucha un murmullo generalizado seguido por un “SILENCIO”, eco de la voz del patriarca mayor (o jefe del turno). Los recién llamados se dirigen al aula del examen, en donde se centrará la masacre, escoltados por el verdugo. El ciclo se repite una y otra vez hasta que el que es llamado es uno. Ahí se vive la propia experiencia y luego de esto, se le permite salir al pasillo donde se encuentra con un panorama similar al de una posguerra. Hay quienes lloran de felicidad, es el llanto que expresa que la guerra ha terminado, y hay otros que lloran de tristeza, como los que lloran por los familiares perdidos. Grupos de chicos consolando a un caído o varios caídos que buscan consuelo entre ellos mismos. Esto que les cuento se vive únicamente en Anatomía.

Y los ayudantes disfrutan ese momento. Salen del aula a buscarse un café y pispean de reojo. Se miran entre ellos y en su cara transmiten…”Que tontos, les fue mal”.

Si bien hay muchos ayudantes (algunos amigos personales) que escapan a esta regla general, mi parecer es que la combinación de estudiante recién salido del CBC con ayudante con un “poder” más allá del que le corresponde no lleva a buen puerto. No hay nada más indignante que te desapruebe un alumno de segundo año estando vos en primero, y que encima quiera darte clases de medicina (no anatomía, medicina) creyéndose algo que no es.  

En fin, es al primer mal de los tantos, la primera piedra en el camino que el aspirante a galeno debe enfrentarse en el largo trecho que lo separa de esa ansiada hoja que dice “Medico”.

Dale poder a las cucarachas y destruirán el mundo. Asíque, ojo con los ayudantes de anatomía… ESTAN AVISADOS!

MEDICINA, COMO EN MIS TIEMPOS…¡NO HAY!



Si será una frase repetida por tantos médicos de generaciones pasadas; que ya nada es lo que era. Y me arriesgo a decir que esta afirmación es compartida por varios otros, no médicos. Aseguran que todo pasado fue mejor y que lo que viene nos lleva inexorablemente a la nada.

Mucha gente, dentro de la cual me incluyo, tuvo la suerte de disfrutar en su infancia a sus abuelos. Yo recuerdo que me pasaba horas y horas, tardes enteras, escuchando anécdotas que el mío me contaba. La de él, era una más de las tantas historias de inmigrantes que vinieron sin absolutamente nada y como pudieron construyeron su presente y su futuro en este país. Educaron a sus hijos y disfrutaron de sus nietos. Con esa vida tan llena de experiencias las horas parecían esfumarse en las tardes de invierno, cuando me sentaba con el cerca de la estufa y lo escuchaba hablar. Mi abuelo fue como mi superhéroe de la infancia, esa persona a la cuál te queres parecer.

¿Pero por qué digo todo esto? ¿Qué tiene que ver con la medicina?  El punto de conexión está en las historias. Así como mi abuelo me contaba de su pasado, muchos de esos viejos médicos que me crucé a lo largo de la carrera también compartieron sus historias, médicas en este caso valga la redundancia, conmigo y mis compañeros.

Y es que cuando uno espera por el profesor para tener su clase y ve entrar a un persona por arriba de 70 y pico sabe que pueden pasar varias cosas. Por un lado, tiene casi la certeza que lo que va a acontecer va a estar lejos de ser una clase de medicina ortodoxa. Nada va a tener que ver con lo que está escrito en los libros y probablemente esté más llena de historias que de contenidos teóricos. Por otro lado, a la vieja generación no le agradan mucho los nuevos recursos didácticos como las presentaciones de power point. A ellos dejalos con el pizarrón y la tiza o en su defecto el proyector de filminas.

Es increíble ver como se acuerdan fielmente lo que vivieron y lo expresan con una claridad más que envidiable. Vienen con su pila de placas radiográficas (amarillentas por el correr de los años) y las filminas transparentes. Proyectan electrocardiogramas viejísimos y nos cuentan la historia y el contexto en el cual fueron tomados:

       “…Recuerdo que este electrocardiograma lo tomé de una paciente que estaba internada en la cama 2 de la sala 5 de mujeres. Era el 22 de abril de 1948 y yo era jefe del servicio en ese entonces…”

Y ahí es cuando uno toma dimensión de los años de la persona que tiene en frente. En general (aunque hay excepciones) tienden a ser más comprensivos con los alumnos. Su objetivo no es perjudicar a nadie, sino solo transmitir su conocimiento y experiencia adquirida a través de tantos años de ejercicio de su profesión.
Me ha pasado durante un examen no poder responder ni el 25 por ciento de lo preguntado e igualmente obtener una buena calificación. ¿Y como iba a poder responder algo si todo estaba referido a como se ejercía la profesión hacía 30 años atrás? Pero es en esos exámenes cuando uno aprende todavía más.

Los médicos de antes usan poco los estudios complementarios. Piden una radiografía cuando no queda absolutamente otra opción y tienen una capacidad de diagnosticar a los pacientes con el examen físico que es admirable. Prestan atención a todo, y hasta el más mínimo detalle lo aprovechan para llegar a un resultado.

Pero no todo es color de rosa. Algunos de estos viejitos distan de ser los adorables ancianos descriptos anteriormente y, por el contrario, son en seres de temer.
Una de las cosas a las que cualquier estudiante tiene terror es que uno de estos tan poco simpáticos canosos les tome el examen. Uno piensa, ¿De que forma una respuesta mía puede satisfacer a una persona que viene dando clase de lo mismo desde hace 50 años?

Pero bueno, a pesar de estas poco gratas excepciones reivindico a estos seres de la tercera edad que vienen y comparten sus experiencias con nosotros. Admiro su vitalidad y agradezco lo que nos transmiten en sus charlas.

jueves, 26 de abril de 2012

MALDITA BUROCRACIA

Justo cuando pensaba que saldría invicto de tener que lidiar con la maldita burocracia universitaria Argentina, cuando tenía la casi certeza que iba a ser uno de los pocos alumnos exentos de problemas administrativos durante estos años me encuentro con lo contrario. Siempre hay una primera vez para todo, dicen, y hoy me tocó a mi.

Resulta que recibo un mail avisándome que debo apersonarme a la secretaría de la materia Ginecología debido a que hubo un "pequeño" inconveniente con las notas. Les cuento que cuando un alumno lee "problema con las notas" automáticamente se le cruzan por la mente millones de cosas. En este caso, pasaron por mi cabeza recuerdos de las tardes que pasé estudiando eso que ya rendí, pensé que me saqué de encima y que ahora está en "veremos" hasta lo feliz que fui en el momento que me enteré que se había terminado, intercalado ahora con un sentimiento de ira y una especie de ideación homicida para el responsable de lo que acontece.

Indagando un poco más me entero que el problemita con las notas es que la secretaria las perdió. ¡¡Pero, que bueno!! Perdón los secretarios de UDH, no se cuales son sus actividades pero, ¿Tanto problema es cuidar una hojita con 20 notas? ¿Como se les puede perder?
Para solucionar el problema hay dos opciones: la primera, escanear la hoja de la libreta y enviarla a la dirección de mail de ellos o la segunda, y lamentablemente la más segura, apersonarse y ver en vivo y en directo como la oligofrénica de turno escribe la nota y GUARDA la hoja en un lugar seguro para que no se le pierda de nuevo. Obviamente uno no está tranquilo hasta que la calificación aparece en internet, lo que significa que está pasada al acta de la facultad y salvo que se prenda fuego (o algún otro idiota la pierda) estará a salvo y el inconveniente por fin solucionado.

Asi que veré como sigue esto y a ver si lo que parece un problema sencillo de solucionar termina siendo un dolor de cabeza.

Ahh, me olvidaba... me rechazan el mail porque tienen la casilla llena. Asique o no tienen ganas de laburar o de verdad confirmo mi teoría que elijen gente estúpida a propósito.

Perdón por el exabrupto pero necesitaba descargarme!

domingo, 12 de febrero de 2012

UDH, AL FIN LLEGASTE!



Como continuación de la entrada anterior les voy a contar ahora un poco como se organiza la vida hospitalaria del estudiante de medicina. Una vez que se alcanza el cuarto año de la carrera, el alumno debe elegir uno de entre los tantos hospitales públicos y privados de Capital Federal y Gran Buenos Aires para que lo acoja durante el resto de los años que le quedan de carrera. Este lapso de tiempo conforma lo que se llama ciclo clínico y el hospital receptor es denominado UDH (Unidad Docente Hospitalaria).

El momento de la elección es una situación complicada. Muchas cosas entran en juego: desde la cercanía del nosocomio a nuestros hogares y el prestigio de la institución hasta las posibilidades que cada uno tenga de acceder al preferido y que principalmente radica en el promedio de calificaciones obtenido en los años previos. El proceso es arduo y la espera de las asignaciones interminable. Uno debe confeccionar un listado eligiendo en orden de preferencia TODOS los hospitales. Esto, obviamente, implica que a partir del quinto o sexto de dicha lista cualquiera nos da lo mismo, todos nos quedan lejos y además nos tenemos referencias de cada uno de ellos.

Generalmente el día de la asignación es el viernes previo al lunes del comienzo de clases. Hay toda una expectación y ansiedad que se extiende de uno a la familia. La sensación es similar a la que se tiene al comienzo del primer año o en el momento en que uno pisa por primera vez fmed. El instante finalmente llega y en mi caso trayendo la noticia que el hospital asignado fue el que había elegido como primera opción. No podía estar más feliz.

El lunes sería el día más ansiado. Es la primera vez en que vamos a poder caminar por los pasillos del hospital con ambo, como si fuéramos parte de él. A partir de ahora, podemos ir a fmed vestidos de la misma manera y sentirnos los “chicos grandes” de la facultad mientras los demás solo visten de “civil” o usan guardapolvo.

El contacto con el hospital es entonces una experiencia inolvidable. Ese lugar es generalmente amado a pesar de las falencias que tenga; y es amado porque es nuestro. Es imposible no tener un sentido de pertenencia hacia el lugar donde pasaremos los próximos 3 años y en donde conoceremos a un grupo de compañeros que, como fue en mi caso, reivindica los mejores momentos de la escuela secundaria. El hospital, es definitivamente el mejor momento de la carrera.

En mi caso, decidí ingresar en un hospital público del Conurbano Bonaerense. Y como en todo hospital público del conurbano lo que se puede encontrar es desorganización. Es como una segunda parte del capítulo previo en fmed pero elevado a la enésima potencia. Si antes nos quejábamos de problemas edilicios, ahora ni que hablar! Pasa a ser una cosa diaria el tener que buscar un aula para tomar clase. Lugares tan insólitos como el comedor del hospital, el helipuerto o el mismo patio pasan a convertirse transitoriamente en aulas. La mayoría de las veces las clases se terminan dando en consultorios o despachos mínimos y sin la menor adecuación.

Recuerdo una anécdota durante la cursada de la materia Neurología. Tomábamos clase en un consultorio que estaba sin utilizar porque estaba planificado para ser remodelado en un futuro. Un día como cualquier otro llegamos para tener clase y nos encontramos que en el “aula” se estaba levantando una pared! Parece que la construcción se adelantó sin previo aviso. Obviamente ese día tuvimos que buscar otro lugar.

Ser  literalmente “echados” del salón de clase porque en ese lugar estaba programada con antelación una clase de cocina. Si, como leyó, una clase de cocina dentro de un hospital público.

Generalmente un solo hospital no tiene todas las materias de la carrera. Entonces hay veces que uno termina tomando cursadas en otros hospitales y es ahí donde tiene la oportunidad de encontrarse con otras realidades. Se toma contacto con otros profesionales, con otros alumnos, con una infraestructura distinta, etc.
Cursando en un hospital psiquiátrico es un hecho común cruzarse con los enfermos en los pasillos y oír sus historias delirantes. Uno podría pasarse horas escuchando anécdotas y aventuras que bien podrían ser sacadas de un cuento de ciencia ficción.

Definitivamente, el paso por la UDH es el primer contacto del futuro médico con la realidad de la situación de la Salud Pública en Argentina. Nos da las primeras herramientas que nos van a ayudar a desempeñarnos en este ámbito por el resto de nuestras vidas. Es un paso fundamental e indipensable dentro de la vida de todo aspirante a médico; representa un momento duro pero sin ninguna duda el más lindo de nuestra carrera!


FMED BENDITA TU SEAS



En esta nueva entrada del blog, quiero dedicarme a describir la cotidianidad de un estudiante de Medicina dentro de la maravillosa Universidad de Buenos Aires.

Para poner un poco de claridad al asunto, me parece importante comentarles un poco como está estructurada nuestra carrera. Toda persona que quiera obtener el título de médico y decida hacerlo en la UBA, debe seguir una serie de pasos bien ordenados. Terminada la escuela secundaria está apto para ingresar al CBC (Ciclo Básico Común) el cuál tiene una duración de 1 año (en el mejor de los casos) y puede cursarse en muchas sedes de Capital Federal, Gran Buenos Aires y el interior. Consta de 6 materias generales y, con algunas variaciones, es común para cualquier carrera que dicta la Universidad.

Con el CBC terminado y aprobado, ya estamos en condiciones de comenzar nuestros estudios en la Facultad de Medicina, o FMED como la llamamos nosotros. Ya con su imponente edificio en Paraguay 2155 nos inhibe en nuestra llegada. Es allí donde vamos a pasar el resto de nuestra carrera, aunque a partir del cuarto año también cursaremos materias en distintos hospitales tanto públicos como privados de capital y conurbano. Toda esta peripecia toma alrededor de 7 años más, que sumados al del CBC dan un total de 8.

Imagínense la cantidad de anécdotas que uno puede acumular a lo largo de todo ese tiempo, imposibles de volcar en una entrada. Es por eso que mi intención es dividir el tema en dos partes: Una que involucre las anécdotas dentro de la facultad en si y otra dentro del hospital y que corresponde al último tramo de la carrera.

Comencemos entonces por el principio: hablemos de fmed. Es difícil para mí describirla; mientras algunos le toman odio y no ven la hora de dejar de cursar, otros como yo le tomamos cariño y nos sentimos parte de ese lugar. Fmed, como todo edificio público de nuestra patria (porque en definitiva eso es lo que es) tiene una mezcla de cosas. Ni bien uno entra respira un aire de inmensidad, impersonalismo, libertad y desorganización; puede respirar la grandiosidad de la institución que representa ese edificio y la grandiosidad de las personas que alguna vez estuvieron en él y que hoy forman parte de la historia de nuestra Medicina Argentina. Ese lugar fue cuna de grandes. Pero hoy no me voy a dedicar a hablar de eso, sino que voy a hablar de sus falencias. Lo malo es divertido y a la vez la crítica es lo que nos hace crecer y mejorar.

El primer contacto que tiene un alumno con esta facultad no es a través de lo académico, sino a través de lo administrativo. Obviamente, ¿Qué hay que hacer antes de empezar con las materias? Trámites! Y lo peor de hacer trámites es tener que enfrentarse al personal de administración. Algunos de ellos parecen personajes salidos de un sketch de Gasalla, literalmente. Con pocas ganas de trabajar y con una mala predisposición que supongo, se origina de tener que atender a tanta cantidad de personas. Pero el personal no es lo peor sino la manera en que organizan el sistema de tramiterios ¿Cuál es el sentido de poner fechas para trámites en simultáneo para todos los alumnos de la facultad? Resultado, 3000 personas agolpándose contra las diminutas ventanillas intentando obtener el preciado papel que buscan. Y no solo eso sino que en los trámites pagos, cuando uno logra atravesar el espesor de ese bloque humano, llega a la tesorería y abona, tiene que volver a ingresar para mostrar nuevamente el papel a la empleada que se  lo entregó para que le dé otro papel que desmuestre que ya pagó. Vueltas y vueltas.


Pero el gran problema que tiene fmed y que es parte del origen de su desorganización, es la gran masa de gente que alberga. Hordas y hordas de estudiantes llenan los pasillos en las horas pico, y claro… es difícil manejar semejante cantidad de personas con tan poca organización.

¿Cómo hacemos para tomar un final a 1000 personas? La situación se complica cuando ponen UNA hoja en UNA cartelera que indica hacia donde hay que dirigirse para rendir y obviamente las 1000 personas se agolpan juntas para observar. La masa indivisible que se mueve como bloque se desplaza de un lado a otro sin sentido hasta que media hora después aparece un iluminado con un altoparlante y comienza a leer lo escrito en voz alta.

También podríamos pensar que no es necesario tomar a tantas personas juntas el mismo día, sino separarlas. Eso es lo que algunos intentan hacer pero parece que le erran al cálculo. Algo que puede pasar es que tras 5 largas horas de espera y ansiedad, en el momento en que ya no tenes uñas, estas deshidratado del sudor y la diarrea nerviosa y al borde de la locura te avisan que se hizo tarde y no te pueden tomar: “Vuelvan el martes”. ¿Y como soporto un fin de semana así después de todo esto? Debe ser que a base de golpes nos quieren hacer más fuertes.

También es común que en los exámenes de opción múltiple, que son masivos ya que se toman para muchísimas personas a la vez, se interrumpa una y otra vez para aclarar cosas como: “Fijense que en la pregunta 43 falta un pedazo de enunciado” o “A la pregunta 6 le falta una opción”, etc, etc. Digo yo, estos cristianos, ¿No controlan el exámen con anticipación?

Otra cosa con la que hay que lidiar es con las cursadas. Uno nunca sabe si va a tener clase o no, aunque admito que en mi caso fui de los afortunados que no ha sufrido demasiado este inconveniente. Una vez, cursando patología nos dijeron: “Chicos, hoy no van a tener clases porque el hombre que tiene la llave del salón no vino asique no podemos entrar”. Esto es el colmo de los colmos!!
Ahora, pregunto yo, y si el señor que tiene la llave de la comisaría se queda dormido, ¿Ese día no hay policías? Mejor no demos la idea.

Dejando de lado la parte organizativa, otro problema que nos persigue es lo edilicio. El edificio es original del ’50. Si fuera un auto, podríamos publicarlo y venderlo como exclusivo, todo original. Pero como es un edificio, se complica. No tiene Gas, tiene sectores bastante deteriorados y baños fuera de servicio o en servicio pero deplorables (muchos todavía tienen pozo). Hay escaleras que como son poco transitadas directamente no se limpian y no están iluminadas. Son años y años de restarle importancia al lugar que fue el origen de grandes descubrimientos y que es la casa de estudios que da la mayor cantidad de médicos del país.

Pero a pesar de todos sus problemas, quiero mucho a esa facultad y espero que algún día vuelva a ser lo que fue en el pasado.