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miércoles, 14 de enero de 2015

¡ENFERMERAS ENFERMERAS!


Ya hace más de un año y medio que soy residente de un hospital de la ciudad de Buenos Aires y un tiempo similar que llevo desaparecido del medio cibernético. Hoy me hago el tiempo para escribir un poquito más y por qué no volcar acá esas hermosas experiencias que me tocan vivir día a día.

Los que me venían leyendo saben cuáles son las experiencias que más me gusta revivir. Este blog no está hecho para contar historias conmovedoras sino historias divertidas y bizarras asique hoy voy a hablarles de un subgrupo dentro de los personajes pertenecientes a la fauna hospitalaria.

Y ese subgrupo es el de las enfermeras. El mundo de las enfermeras es un mundo aparte al de los médicos. Como todo, las hay buenas y malas, laboriosas y mediocres, sumisas y zorras. Se sabe que son un eslabon importantísimo para la recuperación de un paciente y lo cierto es que pueden ser la mejor aliada o la peor enemiga de un médico. Claramente voy a encarar la descripción de esas que nos vuelven locos ya sea por su negligencia o por su mala onda.

Cada vez que uno entra a un servicio nuevo y te ven cara de pichoncito el primer consejo que te dan los médicos viejos es:
-…Pibe, yo te recomiendo que te lleves bien con las enfermeras. Cada vez que entres saludalas, pedile las cosas bien y eso, sino la vas a pasar mal…-

Y ahí es cuando uno piensa que está entrando a una especie de red macabra en donde día a día va a sufrir una suerte de hospibulling decretado por la madama de las enfermeras y seguido por su séquito acompañante. Asique así empezas, temiendo a tus superiores médicos y con expectativa a que maldad te van a hacer las enfermeras.

Teniendo en cuenta que un médico que recién entra a la residencia tiene aproximadamente 25 años de edad, que la jefa de enfermería del sector al que este es asignado tiene unos 60, y que la edad del resto del personal va de 35 a 45 en promedio, es sabido que muchas veces no les va a gustar que un “pendejito” les ande dando indicaciones. Mas si el pendejito recién ingresado es medio soberbio (que los hay y mucho). Te bajan del caballo en 2 minutos.

El R1, como conté en alguna otra oportunidad, es el último escalón del escalafón jerárquico, no solo médico sino hospitalario. Está por debajo de cualquier otro profesional de la salud. Entonces haciendo una cuenta fácil la fórmula del hospibulling no es muy difícil de deducir:

         HOSPIBULLING =                    R1 x soberbia
                                             Buena onda de la enfermera

Cuando ya va promediando medio año desde que ingresaste te comienzan a respetar un poco más. Ya a esa altura te hiciste compinche de algunas de ellas y supiste distinguir cual es la que labura, la vaga, la guacha y la venenosa que lleva y trae.

Voy a intentar generalizar algunas de las características de los personajes más representativos de este grupo, teniendo en cuenta que las generalizaciones son siempre tendenciosas y sin intención de ofender a nadie.

Las enfermeras mas viejas son en general las mas vagas y las que menos saben de medicina. Claro, se formaron a la antigua, en el campo de batalla pero le escaparon bastante a los libros. Son las que comenzaron poniendo inyecciones con jeringas de vidrio y calentando las agujas en agua hirviendo. Sus nociones de bioseguridad son bastante pobres y todavía les cuesta usar guantes hasta para las cosas mas asquerosas. Ellas son excelentes para todo lo que es procedimiento manual: colocar vías, colocar sondas y ese tipo de menesteres. También son muy buenas para cuando se acaba el horario de visita. En ese momento es cuando una de estas enfermeras sale de su estar, con una facturita en la mano y comienza a caminar desde el frente hasta el fondo de la sala. En general rellenita, usando ese ambo carcomido que tiene como mínimo 25 años de vida, ya de colores desteñidos. Camina lentamente y con un bamboleo constante va gritando sin mirar a nadie específicamente: “Se me retiran de las habitaciones por favor que se terminó la visitaaaaaaaa”.  Son buenas para retar a la gente y no temen enfrentarse a nadie. Claro, conocen al jefe médico del servicio desde que era R1. Una vez una de ellas me dijo:
         …”Yo a Jose lo conozco desde que era R1. No sabes que pelotudo que era…”

Hay veces, como dije antes, que estas enfermeras coinciden con el grupo de enfermeras ignorantes. Lo que ocurre es que a la enfermera matriarca no le importa ser ignorante. Ya esta vieja para remordimientos por lo no aprendido. Es feliz haciendo poco y tejiendo en su estar entre medicación y medicación. El problema reviste en las ignorantes-jóvenes.
Y acá aparece el segundo personaje. Las enfermeras ignorantes-jóvenes se caracterizan porque se preocupan mucho por el paciente pero no tienen idea de lo que están haciendo. Son duras y siempre lo van a ser. Vienen corriendo desesperadas y te dicen:

-Doctor, el paciente de cama 12 tiene 90 de frecuencia cardíaca…
-Esta bien Mirta, es normal ese valor.
-Ah, bueno. Le avisaba por las dudas.

Tienen buenas intenciones y seban buenos mates.

El otro polo son las enfermeras-médicas. No hay muchas de estas pero se caracterizan porque quisieron estudiar medicina, por alguna razón no pudieron y terminaron siendo enfermeras. Cambiar pañales es la labor que más odian porque sienten que se rebajan. Miran a las médicas residentes como de costado, con envidia. No disfrutan de realizar su trabajo. Algunas de ellas más leídas, quieren sorprender con algún diagnóstico y si se les cruzó alguien a quien no quieren van a trabajar hasta hacerle pisar el palito con algo. Quieren más a los médicos hombres que a las mujeres.
El problema pasa cuando toman desiciones sobre el paciente que no les corresponden:

- Doctor, al paciente de la 8 le saque el suero porque no tenía ninguna medicación.
-Si, tenía suero!

Otro subgrupo son las enfermeras vagas. Estas enfermeras le escapan al trabajo a más no poder. Prolongan su desayuno por siglos al punto que casi lo solapan al almuerzo.  Se toman su tiempo para todo y comienzan a quejarse si el paciente tiene indicada mucha medicación. Algunas indicaciones son el equivalente a clavarles un puñal en el corazón:

         -Que les indiquen hacer nebulizaciones
         -Que les indiquen rotar decúbitos (girar a los pacientes que no pueden hacerlo por si mismos)
         -Que el paciente tenga indicadas más de 2 medicaciones endovenosas por turno
         -Que tengan que hacer curaciones

Para todo se quejan y tratan de inducir al médico para que simplifique las cosas. Te proponen:

-Doctor, ¿No sería mejor que en vez de dos antibióticos le pongamos uno?... pobrecito ese señor se va a intoxicar sino!
-Me parece que a la señora de cama 14 le van a tener que poner una sonda ehh, orina demasiado. (ah, me olvidaba.. cambiar pañales les “da paja”)

Quieren hacerte desistir de trabajar con el paciente. Vendrían a ser como el demonio sobre tu oreja izquierda que te susurra: “dale, dejalo...anda a dormir”.

-Amelia, el paciente de la 10 tiene fiebre… ¿Le darías un ibuprofeno?
-Ibuprofeno no hay doctor ehh, está en falta.
-Qué raro… Bueno, paracetamol entonces
- A ver...(mientras busca en su cartera para no levantarse a buscar en los estantes de la enfermería), yo tenía uno por acá. Sabe que se acabó hoy.
-Bueno, entonces ponele pañitos fríos toda la noche…
-Ah, acá apareció un ibuprofeno!

Esta es la mejor frase que escuche de una de estos personajes, por lo que la voy a resaltar en negrita.

“…No le digas a los pacientes con que los medicas sino después me reclaman cuando no les llevo las cosas…”

Estas enfermeras tienden a ser bastante obesas lo que favorece más su lento caminar. Hacen la recorrida por las camas una vez sola y solo vuelven a alguna habitación por un mal mayor. Si llega a haber una situación de urgencia, es casi imposible contar con ellas. No se las puede sacar de su rutina:

Medico: -PARO!! PARO!!!! Traigan el carro de PARO a la 12!!!!
Enfermera desde otra habitación: -Doctorr, yo estoy haciendo la higiene de los pacientes, ahora no puedo!

En fin, esto fue solo una introducción. Imagínense las historias de este estilo que acumulé en el año y medio que llevo en el hospital.

Pero también tengo que decir que por cada enfermera vaga hay 10 que laburan y le ponen mucha onda a la recuperación del paciente. Y esas sí que son la mano derecha de los médicos. Asique mis felicitaciones a todas ellas y en especial a Alicia y Pato, lejos las mejores que conocí. 


sábado, 10 de marzo de 2012

HISTORIAS QUE CONMUEVEN


Porque no todo en la vida es color de rosa les aclaro que las líneas que siguen no serán ni graciosas ni bizarras, como lo intenta ser el 90% del contenido del Blog. Hoy les quiero hablar de algo que tuve la oportunidad de vivir y que me movilizó internamente como pocas cosas lo han hecho ahora en lo que a materia de medicina respecta. Admito que no soy una persona fácil de conmover; si bien no soy frío, es poco común que me deje llevar por mis emociones cuando de un paciente se trata. No tengo problemas en ver a una persona completamente destripada en la sala de operaciones, no suelo conmoverme cuando entra alguien fallecido a la guardia o cuando luego de 40 minutos de resucitación cardiopulmonar insatisfactoria se determina el óbito del mismo. Es, quizás, la adrenalina de la situación la que me mantiene alerta y hace “desconectar” mi mente de mis sentimientos. Es común que después de vivir este tipo de momentos siga haciendo mi rutina de trabajo y no piense en lo que pasó. Creo que también eso es una manera de mantenerme desligado y no dejar que mis emociones afloren. No quiero que confundan mi no vinculación con falta de empatía. Al contrario, trato de ponerme en el lugar del paciente y comprenderlo en lo que le acontece, solo que sus angustias no llegan a movilizarme internamente.

Pero hubo una situación que me superó, y fue el momento de rotar por los consultorios de infectología pediátrica. Y no es lo que seguramente ustedes se están imaginando; ni tiene que ver con neonatos graves que se hacen invisibles bajo las máquinas que los mantienen con vida ni niños mutilados como resultado de vaya a saber que bacteria. No, les repito, ver una persona inconsciente no me genera demasiado, ya que no la asocio a una historia real. Creo que inconscientemente no la pienso como persona sino como a un “objeto” que yace sobre una cama, y es eso lo que precisamente me permite continuar. Pero lo que me pasó esta vez fue distinto, fue enfrentarme a algo a lo que no estoy acostumbrado y es conocer la historia de niños portadores de HIV. Acompañando a la médica especialista en infectología pediátrica, para quién atender a estos pequeños representa nada más y nada menos que su vida diaria, conocí un poco como vivencian estos chicos su condición.

Todos ellos portan el virus desde su nacimiento como resultado del contagio a través de su madre en lo que médicamente se denomina transmisión vertical.  Este tipo de vía de transmisión se ve favorecida por la falta de controles durante el embarazo y que la mayor parte de las veces esta íntimamente asociado al hecho que las parturientas asisten al nosocomio en el mismo momento del parto, borrando toda posibilidad de diagnóstico de la infección y disminuyendo en gran parte la tasa de transmisión al futuro recién nacido. Hoy por hoy, y gracias al impresionante avance en el campo del HIV, es posible que una mujer seropositiva tenga un hijo completamente sano y libre de la infección; pero para ello se debe efectuar un estricto seguimiento tanto en la madre como en el bebé que genere un ámbito favorable para que esto suceda.

Volviendo al tema luego de este paréntesis, fue en esta ocasión que me enfrenté a una situación nueva que nunca había vivido. A pesar que muchas veces me tocó atender pacientes adultos portadores, el solo hecho de conocer a niños en la misma situación me produjo una sensación rara en el estómago. Y es que la vida de estos chicos es muy difícil, y esta dificultad trasciende las fronteras del propio HIV en más ocasiones de las que intuitivamente imaginaríamos. En muchos casos, la falta de educación de sus padres, las condiciones precarias en las que viven y la poca importancia que le dan a una patología que cursa gran parte de su tiempo asintomática no hace más que boicotear constantemente el tratamiento, aunque ellos no se den cuenta. Es común que suspendan tomas, que dejen la medicación por un tiempo y la retomen o que se salteen consultas. Esto no hace más que dificultar el tratamiento y finalmente terminar por disminuir su calidad de vida.

Pero si intentamos pensarlo objetivamente, y dejamos de lado lo estigmatizante que puede ser para una persona darse a conocer portadora, podríamos hacer una analogía del HIV con cualquier otra condición crónica: hipertensión y diabetes, entre tantas otras. ¿Qué diferencia podría existir entonces entre un niño de 6 años diabético insulinodependiente que tiene que adaptarse a las limitaciones que le impone su enfermedad a un niño de la misma edad seropositivo? Si una persona HIV + se trata de manera correcta, su expectativa de vida es alta. Lo más grave de esta enfermedad, a mi entender, es la discriminación y el automático apartamiento que causa al resto de la gente. Nadie deja de tomar mate con un hipertenso, pero si con un portador de HIV, aunque está probado que esta no es una vía de contagio del mismo. Y si no le cierra esta manera de pensar, lo planteo de otro modo, ¿Usted conoce el estado serológico de todas las personas con las que comparte un  mate?
Creo que estas actitudes aversivas tienen que ver con la falta de información que tiene el común de las personas acerca de este tema. Si bien es importantísimo saber de que manera nos podemos contagiar, también es importante saber de que manera no. Sino, lo único que estamos haciendo es adicionar una carga más (y bastante pesada) a quien padece esta condición.

Y tampoco seamos jueces y condenemos al portador. ¿Acaso condenamos a alguien que alguna vez se agarró sífilis o gonorrea? Más de uno de los que lee debe conocer a un tío o primo que tuvo alguna de estas u otra de las llamadas venéreas. La única diferencia entre estas enfermedades es que el que se infecto con HIV tuvo menos suerte, pero no se olviden que se transmiten de la misma forma.

Para volver al tema y terminar cerrando con los chicos, que representan la raíz central que originalmente motivó este post, les cuento que una cosa impresionante de ellos es que gracias a su ingenuidad, desconocen todo esto que les cuento. No llegan a entender que es lo que tienen ni el por qué tienen que tomar la medicación. A medida que van creciendo, es función del médico ir acercándoles la información necesaria que los haga comprender lo que les pasa y que los ayude a cuidarse y cuidar a otros. Es una retribución constante, en la que el infectólogo es su médico de cabecera y en muchos casos su amigo. En el caso particular de los chicos, a quienes conocen en el momento de su nacimiento, los ven crecer a lo largo de los años hasta convertirse en hombres y mujeres adultos. Y en ese transcurso viven junto a ellos las crisis que toda persona tiene, a las que se suma el proceso de entender y aceptar el HIV formando parte de sus vidas. Créanme que es algo muy fuerte, tanto para unos como para otros. A mí, con solo ver la punta del iceberg, me bastó. 

jueves, 8 de marzo de 2012

UN POCO DE NOSOTROS: PRACTICANTES

Sí, señoras y señores. Llegó el momento en que nos iba a tocar el turno a nosotros. Y por nosotros me refiero a mí y mis colegas aún no recibidos: Los Practicantes.
Por definición, un practicante es quien realiza prácticas. Pero esta simple aproximación no aporta demasiada información acerca del verdadero funcionamiento del practicantado y de los alcances del mismo. Los practicantes son alumnos de distintos años de la carrera de medicina que deciden asistir a guardias en forma ad honorem para realizar prácticas de pregrado. Allí se desempeñan haciendo tareas de lo más variadas y, en el mejor de los casos, son supervisados por un médico. 

Como todos se imaginarán, en una guardia se produce un interjuego constante entre los distintos agentes de salud que la componen: Médicos de distintas especialidades, enfermeros, camilleros y practicantes. Cada uno tiene sus características particulares, lo que hace que durante el encierro de 24 hs al que se ven sometidos semanalmente se generen roces y problemas de convivencia, muchas veces agravados por distintos factores: la vagancia de los que no trabajan que irritan a los que sí lo hacen, los egos de los que se creen superiores al resto, etc. 

Para que conozcan un poco más de este mundo quiero introducirlos en el conocimiento de los distintos tipos de practicantes; y para eso, voy a hacer lo que mejor nos enseñan a hacer en la facultad: empezar por clasificarlos.

SEGUN FORMA DE LLEGADA
  • Practicante caído de un rascacielos: Es aquel que llega a una guardia sin que nadie sepa muy bien por qué y pide permiso para arrancar. No conoce a nadie y nadie lo conoce a él. Nadie sabe de donde salió. Es el que tiene mayores chances de pasarla mal, a menos que la guardia esté necesitada de gente o que tenga un carisma especial.
  • Practicante traído por otro practicante: Es el que se une a la muchachada rápido. Al principio va a estar pegado al fulano que lo trajo pero poco a poco se va a ir adaptando al ritmo. Definitivamente entrar por un conocido le trae una pequeña ventaja
  • Practicante traído por un médico: Es el que cae de la mano de algún doctor (ni hablar si es familiar)  y ni bien entra piensa que su estadía en la guardia va a ser fantástica e intocable. Nada más lejos de la realidad. El primer día todavía no sabe tomar la presión pero ya se cree dueño de todo y no se deja dar órdenes. Si no baja los humos rápidamente, el resto del practicantado se encargará de darle el raje pronto. 

SEGUN RANGO
  • Practicante mayor: Es el que llegó antes que el resto a la guardia. No importa que no sepa absolutamente nada, pretenderá que la guardia sea suya solo por ser el de mayor tiempo de permanencia. 
  • Practicante esclavo: Es el último que entró. Le tocan todas las tareas que el resto de la humanidad odia y como no conoce el funcionamiento de la guardia y del hospital en general es blanco de bromas y chistes. Es, además, el encargado de los mandados.
  • El resto: Son aquellos que dejaron de ser esclavos y aspiran a ser practicantes mayores.

SEGUN PREDISPOSICION
  • Practicante consagrado: No falta nunca, duerme lo mínimo indispensable como para funcionar correctamente, come último y trata de ver hasta la uña encarnada del dedo gordo de pie que entro 2 segundos antes que terminara la guardia. 
  • Practicante normal: Falta de vez en cuando, a la decimoctava faringitis consecutiva que ve ya no quiere saber mas nada de observar gargantas y le pone sumo entusiasmo cuando encuentra algo novedoso.
  • Practicante cómodo: Ve sólo lo que le interesa, trata de dormir el mayor tiempo posible, las pausas entre paciente y paciente son extremadamente largas, le escapa al quilombo, va cuando quiere y presiona a los esclavos para que hagan su trabajo.
  • Practicante vago: No va nunca y el día que se inspira a ir se dedica a hacer sociales. 

SEGUN EL COMPAÑERISMO
  • Practicante solidario: es aquel que consensúa los horarios con los otros practicantes para comer e ir a dormir, ayuda a los que suturan, hace de vez en cuando alguna tarea propia del esclavo, reparte proporcionalmente las praxias que le gustan y es capaz de ceder un lugar al otro.
  • Practicante egoísta: Hace solo que le gusta y se niega hacer lo que no. No importa si otro practicante se muere de ganas de ver o hacer algo que nunca vió o hizo, si a él le interesa y tiene la oportunidad, se lo roba descaradamente aunque ya lo haya hecho mil veces: “Que se joda por llegar tarde”, es su lema. Come cuando quiere, duerme cuando quiere, y por supuesto, va cuando quiere.

SEGUN EL CONOCIMIENTO
  • Practicante cerebrito: Es el dolor de cabeza de cualquier médico. Como tiene la información sumamente fresca en la cabeza y recuerda hasta los detalles mas insignificantes atosiga al médico con preguntas que el mismo no recuerda y que además francamente tampoco le interesan. Constantemente lee “papers” de actualización. Generalmente no se ubican en la realidad social del lugar donde se desempeñan y pretenden solicitar estudios que ni en el mejor hospital privado harían. Estudian siempre de libros extranjeros.
  • Practicante nivel medio: Es aquel que tiene los conocimientos necesarios como para realizar un ejercicio digno de practicantado. Generalmente tiene huecos conceptuales que son llenados por la guardia, y complementa sus conocimientos con el de otros compañeros.
  • Practicante burro o inútil: No sabe ni siquiera escribir la palabra “hemorragia” en forma correcta. Se confunde todo el tiempo y además es torpe con los procedimientos manuales aunque los haya visto y hecho innumerable cantidad de veces. Nadie sabe como llegó a la facultad y todo el mundo espera que, por el bien de la humanidad, un milagro divino impida que obtenga el título.

SEGUN PERSONALIDAD
  • Practicante todopoderoso: Cree que es médico y tiene 30 años de experiencia. Discute todo y a todos, atiende y no consulta. Es un clásico ejemplo de peligro para la sociedad.
  • Practicante colgado: Aunque se le repita 500 veces la misma cosa, a la vez 501 la vuelve a preguntar. Es olvidadizo y despreocupado.
  • Practicante miedoso: Se impresiona por todo: la sangre, el sufrimiento humano, la materia fecal. Es el típico hijo de la vecino que no sabemos que lo llevó a estudiar medicina.
Por supuesto que también hay combinaciones de estos tipos de practicantes y que no son al azar precisamente. En general se puede dar la combinación de practicante traído por un médico-cómodo-egoísta y todopoderoso. 

Me despido con dos anécdotas para que vean la calidad de los futuros galenos que próximamente engalanarán las filas de la medicina:
 

Practicante mayor: -Vamos a repasar fractura de base de cráneo. ¿Alguien se acuerda los signos que pueden observarse?
El resto del practicantado: (Silencio absoluto)
Practicante mayor: -¿No se acuerdan de los ojos de mapache? (Hay un signo de este tipo de fracturas que lleva este nombre)
Sultano: -¿Qué es un mapache?

O esta otra: 

Practicante mayor: -Menganito, ¿Donde está el paciente que entró por dolor de pecho?
Menganito: -Ah, le saqué sangre para hacerle enzimas cardíacas. Le dije que la llevara  al laboratorio.
Practicante mayor: -Menganito, ¿Mandaste caminando al laboratorio al tipo que se puede estar infartando? ¿Mirá si le pasa algo por el camino?
Mengano: -Uhh, Me dejas preocupado, che
Practicante mayor: -ANDA A BUSCARLO, QUERES!!

domingo, 19 de febrero de 2012

DIAGNÓSTICOS RETROSPECTIVOS


Algunas personas vienen para saber que pudo haber sido lo que les causó lo que sufrieron hace 5 horas atrás pero que ya no tienen más. Les aviso, no hacemos diagnósticos retrospectivos

Paciente: -Vengo porque a la mañana me agarró un dolor acá atrás (señalándose rodilla). Es como que me picaba, no se.
Médica: -¿Y ahora que sentís?
Paciente: -Ahora no siento nada ya
Médica: (Hay que tener ganas de esperar 5  horas en una guardia para esto) La médica le revisa la rodilla– Bueno, mirá, la rodilla la tenes normal, no hay ningún cambio en la piel, ahora no tenes síntomas, no tenemos que hacer nada
Paciente: -¿Pero como no va a hacer nada, ni una placa? A mi me molestaba mucho ehh
Médica: -Esta bien, pero ahora no te molesta. En todo caso si te pasa otra vez, volvé a la guardia (Si es a la próxima mejor)
Paciente: -¿Y una medicación tampoco? ¿Y si me pasa otra vez?
Médica: -No, no te voy a medicar porque ahora no tenes nada. Por eso te digo, si te pasa de nuevo volves.
Paciente: -Ah bueno... (sigue sentada en la camilla como esperando algo)
Médica: - ...
Paciente: - ¿Que hago, me voy?
Médica: - Y... yo diría que si
Paciente: -Ahh bueno (con tono irónico), al final no se para que me quede esperando 5 horas ahí afuera!
Médica: -Y no, la verdad que yo tampoco sé

jueves, 16 de febrero de 2012

LA SUPERVIVENCIA DEL MAS FUERTE


El ser humano es un animal de costumbre, eso no es novedad. Sabemos que es capaz de adaptarse a un sinnúmero de situaciones y salir victorioso. Podemos pasar sin comer hasta un mes y nos adaptamos, nos vamos a vivir a 4000 metros de altura y nos adaptamos, nos cortan de un piquete todos los accesos a capital y nos adaptamos. Pero la adaptación surge de un entrenamiento constante. No es lo mismo decirle a un argentino que vaya a hacer un trámite al Anses y que lo logre, que decírselo a un Suizo (y no va a ser precisamente lo idiomático lo que le juegue en contra). Le falta cancha, le falta el entrenamiento que te da vivir en un país imperfecto.

¿A qué quiero ir con todo esto? A que el médico Argentino es un profesional totalmente maleable. Se adapta a cualquier situación. Ya desde el comienzo de la carrera te las tenes que ir ingeniando para sortear todas las dificultades que se te presentan.
La gente te pregunta, ¿Y que vas a hacer cuando veas a un muerto? Y vos te quedas. El primer día te da impresión y al cuarto ya te estas mandando una bondiola con una mano mientras que con la otra sostenes la pinza de disección.
Y una vez en el hospital pasa lo mismo. En este sentido, los patólogos son los seres más adaptables. No es que sean los únicos médicos que ven muertos, pero sí son los únicos que pasan todas sus horas de trabajo al lado de un muerto o en su defecto un pedazo de él. Y están tan acostumbrados que cuando están muy tapados de trabajo, literalmente comen al lado de las muestras. En el servicio de mi hospital se podía ver una ensaladera con una rica mezcla de lechuga, tomate y rúcula al lado de un frasco con un contenido que le quitaba el hambre a más de uno. Estoy seguro que los patólogos del futuro van a acostumbrarse a comer vesículas y apéndices.

Y con los residentes se repite la historia. Como nunca se detienen y llevan el cansancio acumulado, el momento en que paran para comer es preciado. No saben cuando se va a volver a repetir y es por eso que lo tienen que aprovechar muy bien. En una ocasión una R1 de cirugía de mi hospital ordenó unas costillitas de cerdo a la riojana. Abre el tupper de plástico y cuando ya había dado 5 bocados descubre una cucaracha semi-muerta en el fondo del mismo. La retiró, la arrojó al cesto de basura y siguió comiendo. Después hizo el reclamo y recibió otro envío gratuito. ¡Eso es efectividad!

PACIENTES TRASNOCHADOS


No es difícil de imaginar que el primero que corre ante una emergencia nocturna es el residente de primer año o R1.
El R1 sabe cuando se acuesta (a veces) pero nunca cuando va a ser el turno de levantarse, podrían pasar 2 horas o 10 minutos, siempre es incertidumbre. La residencia es como un régimen pseudomilitar, es como hacer la colimba. Nada mas que acá en vez de CO-rrer, LIM-piar y BA-rrer sería CO-mer (cuando se pueda), LIM-piarse (cuando se pueda) y BA-ilar (Siempre, estos muchachos si que bailan!). Es por eso que las horas de sueño son preciadas y no es nada agradable que lo que los despierte por la noche no sea otra cosa que una verdadera emergencia o algo enteramente justificable.

Si hay algo que nos molesta (y me incluyo como practicante también) a todos los integrantes del equipo de salud es que vengan pacientes con patologías crónicas y/o irrelevantes a consultarnos de madrugada. Y lamentablemente, es muy común que se den conversaciones del estilo:

Paciente: -Vengo porque me duele la rodilla
Médico: Con la almohada aún pegada en la cara - ¿Y hace cuanto le duele la rodilla?
Paciente: -Uhhhh, hace como 5 meses, pero hoy no doy más dotora

O cosas como esta:
Paciente: - Vengo porque me salió una roncha, no se si me habrá picado un bicho o algo.
Medico: (Parece que hoy hay convención de marmotas) - ¿Y no probó ponerse alguna cremita o algo? Son las 4 de la mañana señora.
Paciente: - Uhhh, ¿tan tarde es? No me había dado cuenta

Situaciones como esta hay miles y pasan todos los días en todas la guardias. Acá les cuento un caso para recordar:

Eran las 3 de la mañana y la recepcionista nos envía un paciente con disnea. Este es el término que usamos para definir cuando un paciente tiene dificultad respiratoria y que, en algunos casos, puede corresponder a una patología grave. El susodicho, venía acompañado de su hijo de aproximadamente 7 años.
A simple vista era evidente que no tenía nada, hasta respiraba mejor que cualquiera de nosotros.

R1: (Con cara de orto, anticipando lo que vendría después) - ¿Qué le pasa?
Paciente: -Siento que no puedo tragar, creo que tengo algo en la boca
R1: (Revoleando los ojos y deseando que un agujero en el piso se lo trague y lo deposite nuevamente en la cama de la residencia) - ¿Desde cuando está así?
Paciente: -Desde las nueve de la noche, es que comí pizza y creo que se me quedo pegado un pedacito de algo.
R1: (A esta altura, los ojos del residente prácticamente se salían de sus órbitas mientras se decía para sí mismo…”la puta madre, quien mierda me mandó a ser médico a mi, si ahora podría estar durmiendo tranquilo!!” Este pensamiento es recurrente y atormenta frecuentemente a los R1) – Bueno, ahora lo reviso

Efectivamente, un pequeño trocito de orégano se encontraba adherido en la amígdala izquierda de este especial individuo… no hubo más tratamiento que el arrastre mecánico hecho por un bajalenguas de madera que, creo yo, y a juzgar por la potencia infligida por el residente, casi le realiza una extirpación de la amígdala. Por lo menos, tendría un motivo menos para venir a la guardia: sin pulmón no hay neumonía y sin amígdala no hay orégano que se pegue.

Más gracioso o bizarro que la situación en si misma fue que cuando lo estábamos despidiendo, el niño nos mira de reojo con una mueca en su cara que lo decía todo: -Ya se, perdón pero mi papá es un pelotudo! Ahí me di cuenta que teníamos un futuro R1.  

domingo, 12 de febrero de 2012

PADRE NUESTRO, PERDONA NUESTRA IGNORANCIA


El objetivo de este texto no es reírme de la ignorancia de nadie. Al contrario, es un llamado de atención para que como sociedad reflexionemos cada uno sobre el por qué nos estamos convirtiendo en lo que nos estamos convirtiendo. No soy sociólogo, ni filósofo y menos político. Solo cuento UNA realidad que me toca vivir, como la de tantos. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Es de esperar que en un hospital público asistamos pacientes con muy bajos recursos. Bajos recursos de todo tipo: económicos, sociales, educativos. Pero lo que veo últimamente es una baja capacidad para comprender cosas básicas, es como se vive un retroceso día a día. Y aclaro que esto no solo se dá con la gente más humilde, creo que quedó claro con los ejemplos del natatorio. Pero es una realidad que nos pasa todo el tiempo. Muchas veces he escuchado que la gente que consulta al médico se queja que este utiliza un lenguaje muy académico, que no baja del pedestal en el que se halla elevado y explica las cosas “en cristiano” para que todo el mundo las pueda entender. Tomo la crítica y doy un consejo: cuando no entiendan algo, por favor, pidan explicaciones, no se queden callados. Hay veces que el médico no se da cuenta, y habla como si hablara con un colega, háganselo saber.

Pero como les digo, lo que veo últimamente me supera:

Médico: -Dígame, ¿está yendo de cuerpo?
Paciente: Cara como si le hubieran preguntado la teoría de la relatividad - …
Médico: - ¿Hace caca?

O directamente se muestran con un lenguaje que roza lo irrespetuoso:

Médica (no se porqué estos casos les tocan a mujeres, pero las de mi guardia ya estan curtidas y lo manejan muy bien): - ¿Por qué venís?
Paciente: - Mirá, vengo viteh porque estaba con mi novia viteh haciendo eso viteh (seña con las manos, todos entenderán a que me refiero).
Médica: - Ajá, ¿y que te paso?
Paciente: -Y bueno, ahora no se que me pasó ahí abajo viteh, en el casco
Médica: -¿En donde?
Paciente: - En el casco, ahí… no se como se llama… en la pija!

Otros que no hacen más que generar rechazo.

Y no solo los pacientes se convirtieron en ignorantes, también algunos médicos que no son más que representantes de la sociedad misma.

Médico de ambulancia (no es nada personal contra ellos, aclaro): -Traemos un paciente porque esta hipertenso
Médica de guardia: - ¿Y cuanto tiene de presión?
Médico de ambulancia: -No se, no se la tomamos.


LA LOCURA NOS LLEGA A TODOS



Una de las cosas más comunes de ver en una guardia médica es un paciente psiquiátrico. Siempre hay alguno dando vueltas por ahí. Pueden estar solos o acompañados por sus familiares, pueden ser habitué o debutantes de primera vez en el nosocomio pero siempre hay al menos uno.

Siéndoles sincero, tengo muy poco interés por la psiquiatría y por ende muy poca paciencia con este tipo de enfermos. Si bien comprendo que es una patología, no puedo entablar más de 2 frases seguidas con ellos sin que en mi mente aparezcan pensamientos como, “¿cuando se va a ir?”, “¿faltará mucho para el cambio de guardia?” o “¿porqué justo abrí la puerta yo?”. En muchos hospitales uno se puede “desligar” de estos pacientes haciendo que los vea el especialista adecuado: el psiquiatra. Pero lamentablemente nosotros no contamos con dicho profesional en la guardia y no nos queda otra que esperar al día siguiente para la interconsulta.

En algunos de ellos, la patología psiquiatrica se descubre en el contexo de una consulta por otro motivo, como me pasó en este caso:

Paciente: -Vengo porque me duele la panza
Yo: - ¿Y que comiste?
Paciente: - Lo de siempre, nada fuera de lo común.

El examen físico muestra un dolor abdominal difuso, pero nada que asuste. Es ahí cuando la paciente interrumpe la revisación diciendo:

Paciente: -Disculpe doctor, pero yo le tengo que decir algo. Hace 5 años que me como el revoque de la pared de mi cocina.

De ahí venía el dolor abdominal, problema resuelto! Y paciente derivada a psiquiatría.

Otras veces, los pacientes vienen muy excitados, agresivos y no es poco común que esten bajo el efecto de alguna sustancia como alcohol o drogas. Son estos pacientes los que requieren una atención rápida y son además demandantes en cuanto a la cantidad de personal que se requiere para su atención: enfermeras, médicos y guardias de seguridad que puedan contenerlos.

En una ocasión, ingresa un chico de aproximadamente 20 años en este contexto. Nosotros estábamos tratando a otra paciente psiquiátrica en el pasillo pero tuvimos que desviar nuestra atención hacia el nuevo individuo (problema de personal en los hospitales, noooo que va!). Se lo ingresa al Shock Room y vendajes de contención, y drogas intramusculares mediante se logra la contención del mismo. Satisfechos con la tarea y media hora después, volvemos a la guardia y encontramos a la otra paciente en el pasillo. No tuvo mejor idea que abrir un paquete de gasas y comérselo. La buena noticia es que por lo menos eran estériles.

Otras veces, son pacientes ancianos y con una rara mezcla de enfermedad psiquiátrica y demencia los que llegan a la guardia. Lamentablemente, nada  podemos hacer en la urgencia para resolver esos problemas crónicos.

Hay quienes dicen que de la boca de niños, borrachos y locos salen verdades. De ser cierto, debería creer que un paciente de 75 años se peleo con un ex comisario retirado que le quiso clavar un cuchillo en el abdomen pero que no le causó ninguna herida porque éste estaba prevenido con una coraza de corcho, si… como efectivamente acaba de leer, una coraza de corcho. A su vez, el paciente deseaba que una persona invisible llamada Roxana lo matara o en su defecto lo haga Gerardo, cualquiera de los dos estaba bien. No digan que me río de la gente, pero hay que aguantar a alguien gritando toda la noche: “Roxana, matameeee”

Y volviendo un poco a la introducción de esta historia, hay pacientes que son recurrentes. Yo no se si es que les gusta el hospital, si están conformes con la atención o si no tienen otra cosa que hacer, pero siguen reincidiendo. Miren que hay shoppings, negocios de todo tipo, plazas, pero no, ellos siguen eligiendo el hospital. Y consultan por las cosas más disparatadas:

Y: -Vengo porque me duelen las piernas
Médico: -¿Y que te pasó?
Y: -Me pisó un tren…
Médico: Deseando que lo pisara un tren- Ahh, bueno… tomate esta pastillita que se te va a pasar.

O esto:

X: -Tengo un dolor que me empieza en la pierna izquierda, se va todo por la espalda y termina en el cuello. Después me da una puntada en el dedo gordo del otro pie y ahí es cuando me vienen las arcadas vió. Después se me pasa, pero un ratito y de vuelta otra vez. Se me acalambra todo el cuerpo, no puedo respirar, me dan palpitaciones y me duele la vesícula, ¿qué puede ser?

Que necesita un psiquiatra señora! Eso lo piensa el médico pero no lo dice… queda mejor hacer una interconsulta con el servicio de “salud mental”, tiene menos impacto que la palabra psiquiatra! La verdad que los compadezco.

TE CUIDA Y TE ACONSEJA


Lo ideal de una guardia de emergencias es que solo se atiendan emergencias, cosa que la mayoría de las veces no ocurre. Es común que la guardia se vea plagada y con largas filas de pacientes con patologías banales y benignas que nada tienen de urgente. Lo ideal sería que estas sean atendidas en consultorios. Es por eso que en algunos hospitales se diseñó un servicio de triage, esto es, destinar a un médico que se dedique a “filtrar” los casos y redistribuya a los pacientes de acuerdo a la gravedad de su patología. Imagínense que no debería tener la misma importancia atender un dolor de pecho con características anginosas (es decir cardíacas) que una simple faringitis o un dolor de rodilla de 3 meses de evolución (crean o no, estos también vienen a la guardia  y no sé por qué tienen afinidad por el horario 3-5 am).
En el hospital en donde hago guardias no contamos con este servicio de manera que todos los pacientes ingresan directamente a la  guardia tengan lo que tengan. En realidad con lo que contamos es con una especie de “pseudotriage” que es realizado nada más y nada menos que por el personal de seguridad privada del nosocomio.

Estos característicos personajes tienen la habilidad de sobreestimar cualquier síntoma que presente el paciente. Si al paciente le duele el tórax porque le pegaron un ladrillazo ellos lo informa como “dolor de pecho”, el cuál uno asume como cardíaco. Terminas abriendo la puerta esperándote encontrar con un cincuentón , fumador e hipertenso agitado y con la mano en el corazón y todo lo contrario: te encontras con un veinteañero que viene puteando al vecino y con la marca rectangular de un ladrillo en el tórax.

No solo esto, sino que envían pacientes a las especialidades incorrectas. No hay que ser muy lúcido para darse cuenta a quien hay que enviar al paciente, es muy sencillo:

            -Si tiene menos de 14 años pediatría
            -Si tiene una herida en la cabeza, torax o abdomen a cirugía
            -Si tiene una herida en los miembros a traumatología
            -Si es una mujer embarazada o con síntomas menstruales a gineco
            -El resto de las cosas a clínica médica

En todo caso, nosotros efectuamos las interconsultas que consideramos necesarias una vez que el paciente ya ingresó. Pero más de una vez ocurre que no habiendo traumatólogo de guardia (cosas que pasan en los hospitales públicos) abrimos la puerta de clínica y nos encontramos con un hermoso pie duplicado de tamaño producto de un traumatismo y seguramente fracturado. ¿Qué podemos hacer con esto? NADA! Decirle al paciente que vaya a un hospital que tenga traumatólogo, lo que ya sabemos va a originar una lista de interminable improperios de los cuales nuestra madre va a ser la menos favorecida.

Resultado de todo: cagada a pedo para el de seguridad. “¡La próxima vez que nos mandes pacientes que no nos corresponden te los vamos a hacer atender a vos!” Y parece que el muchacho se lo tomó a pecho. A partir de ese momento, el guardia comenzó no solo a interrogar a los pacientes sino también a sugerirles conductas. Por ejemplo…”mmmhh, yo esa medicación no la seguiría tomando, a mi hermana le dio mucha diarrea” o “Claro, esos síntomas que tenes son típicos del Ibuproganso, yo que vos no la tomaría más, pero bueno… igual preguntale al médico”. Y nosotros después no solo tenemos que negarle al paciente la sarta de boludeces que dice el de seguridad sino que debemos convencerlos que es como decimos nosotros. ¿Porqué yo me tengo que gastar en convencer a un paciente para que siga mis indicaciones? Si viene a buscar ayuda a un hospital ¿Porqué después no confía en los médicos y le termina haciendo caso al guardia o al vecino? Sinceramente no entiendo! La próxima vez, si piensan así, directamente no vengan al hospital así nos quitan trabajo y si vienen por favor no pongan en tela de juicio nuestros diagnósticos o tratamientos en base a información que sacan de google o wikipedia.

Espero que pronto nombren a alguien entrenado para hacer traige porque sino, temo por la vida de nuestro seguridad!



NECESITO UN OIDO


Dentro de la Medicina hay una verdad y es que hay veces que una palabra “cura” más que mil remedios. Pongo cura entre comillas porque en realidad,  son relativamente pocas las dolencias que el médico puede curar, la mayoría de ellas, sin embargo, son tratables y controlables en el tiempo. Pero me doy cuenta que hoy por hoy y en paralelo a la degradación del sistema de salud la palabra del médico ha perdido el peso y el valor para los pacientes que tenia en otros años.

Es innegable que ya no es como en otras épocas donde lo que transmitía el galeno era irrevocable e indiscutible. En la era actual, tecnologizada e informatizada, con acceso a cualquier dato en casi cualquier momento y lugar y San Google mediante, el cuestionamiento está a flor de piel. Todo dependerá en como el profesional maneje esa situación y en como afecte ese acceso al paciente. Y no solo Internét nos juega en contra, sino también la mayor información que la gente tiene en general del saber médico por otros medios como el simple boca a boca de vecinos o familiares y que no siempre es acertado. ¿Y es que acaso no había antes boca a boca? Yo pienso que si, pero con un estilo diferente al de hoy día:

Década del ’50:
A: -Viste, a la Maruja le tuvieron que hacer una placa a los pulmones.
B: - ¿No me digas? Para que le hagan eso tiene que estar muy grave
A: - Si, seguro. Siempre a los que le sacan placas se terminan yendo del otro lado…

Década del ‘2010
A: - Che, ¿Qué fue lo de tu vieja al final?
B: - La internaron porque estaba con tos. Le hicieron una plaquita y como vino medio mal le terminaron haciendo una tomo. Después tenía una poquito de líquido en el pulmón , se lo sacaron y lo mandaron a analizar, estamos esperando los resultados…
A: -Ahhh, bueno… Ya se va a mejorar

¿Alguno de los personajes de las historias anteriores sabe más de medicina? No, definitivamente no. Pero que conoce más del campo es innegable. Y ese conocimiento es el que muchas veces termina jugando en contra. Una de las cosas que odiamos nosotros es el pedido explícito del paciente de estudios complementarios que él considera necesarios y que en realidad no lo son.

-          Pero si tiene tos desde ayer… ¿Por qué no le hacen una placa de tórax? Y no me diga que no es necesario, porque mi otro hijo tuvo exactamente lo mismo y a el se la hicieron.

Muchas veces el médico se cansa y termina cediendo al pedido. Total, el que se jode es el paciente que se irradia al pedo y el radiólogo que es el que tiene que laburar de más.
Y no solo los pacientes nos dicen que estudios les tenemos que pedir, sino que también nos dicen como los debemos medicar. Por ejemplo:

Médico: -Bueno, quedate tranquilo que aunque te duela la garganta lo mas probable es que sea un virus, por ahora nada de antibióticos. Solo control de la temperatura y analgésicos.
Paciente: -Perdón, pero yo no me voy a ir de acá hasta que no me hagas la receta del antibiótico. Yo se que me tomo uno y se me pasa.

Ahora resulta que nosotros somos los seres más sádicos del mundo que preferimos no darles una receta para verlos sufrir. ¿Te crees que me importa tu dolor de garganta?

Pero bueno, en fin. No me quiero desviar del tema en cuestión y este es al que hace referencia el título del post: Necesito un oído. Me ha pasado muchas veces recibir pacientes con un sin fin de síntomas y que lo único que necesitan es ser escuchados. Están angustiados, tienen problemas y la única manera de solución aunque sea parcial que encuentran es ir a una guardia y descargarse. Y acá se genera un gran problema; por un lado que el médico muchas veces no quiere escuchar los dramas de la vida de otra persona y oficiar de oído y aconsejador, por otro en que aunque el médico quisiera en muchas oportunidades no puede. Convengamos que una guardia no es el mejor lugar para que esto se de: entran y salen pacientes todo el tiempo, hay ruidos molestos, gritos, en fin, es un lugar que dista de ser tranquilo. ¿Entonces, que solución encontramos? Lamentablemente, no tengo una respuesta para eso, pero creo que nos acercaríamos a resolver este problema en la medida en que el médico trate de ser más tolerante (en otro blog podemos analizar porqué el médico se volvió menos tolerante) y en la medida en que el paciente deje de ser visto como una “amenaza” por el profesional y lo haga estar a la defensiva incluso antes de empezar la consulta, y esto último se logra evitando muchas de las cosas dichas unas líneas arriba. Creo que mejorando estos dos aspectos estaríamos más cerca de lograr una relación médico paciente más armónica.

Asi que todos tenemos trabajo para hacer… los paciente hagan honor a la palabra, sean pacientes y tolerantes. Y los médicos usen el “poder” que tiene lo que transmiten y el impacto que puede generar en el enfermo, en beneficio del mismo.

OBJETOS EXTRAÑOS Y VESTIMENTAS ATIPICAS


No crean que con “objetos extraños” me voy a referir a los 1000 y un elementos que un paciente puede traer introducido en el extremo distal de su aparato digestivo. No, no y no. Es un tema muy trillado, aunque divertido pero que en este momento voy a mantener al margen.

Con objetos extraños, me refiero a cosas que el paciente trae consigo y que realmente no son necesarias ni hacen a la consulta. ¿A que me refiero con esto? Por ejemplo: no hace falta que un paciente me muestre un moco verde incrustado en su pañuelo para saber que es verde. Señor, con que me diga que es verde ya está, le juro que le creo!

Otra cosa que viene a la consulta junto con la gente misma son sus supersticiones. En verdad, todos las tenemos… todos acudimos a lo mágico. Hay quienes rezan, hay quienes se hacen curar el ojeado o el empacho (me incluyo), hay quienes usan una cintita roja en la muñeca para la envidia y muchas cosas más. Todo es respetable, pero algunas cosas no son aptas para  traer al consultorio. Les ejemplifico: no es grato que al descubrir la camisa de un paciente para revisar su abdomen, nos encontremos con una hoja de palam palam atravesada y adherida con vaya a saber que ungüento casero. Que crea que le va a hacer bien, perfecto, pero por favor deje la hojita en su casa!

Otra cosa que no es bien recibida a la consulta son los niños, salvo que estos sean el motivo de consulta. De no ser así entonces, niños, abstenerse, nunca serán bien recibidos por un médico NO pediatra. Porque es así, la medicina se divide en dos. Así como la veterinaria se divide en pequeños y grandes animales, la medicina humana se divide en pediatras y NO pediatras. Y créanme, los No pediatras no soportan a los chicos! Es realmente molesto tener que revisar a un paciente mientras un proyecto de humano de medio metro de altura revolotea por toda la habitación y grita mientras nosotros tratamos de escuchar algo con el estetoscopio, y ni te cuento si le estamos intentando medir la presión con el tensiómetro de la guardia, se convierte en toda una odisea.

¿Y que pasa con las vestimentas atípicas? También, en algún punto, las podríamos calificar como objetos extraños. Son objetos que no encajan con el cuerpo correspondiente. Por supuesto no estoy acá para juzgar los gustos o el estilo de los pacientes, no soy quien para hacerlo. Pero es muy impresionante ver a un señor sesentón usando una malla enteriza de mujer en un lindo floreado verde, porque “es lo único que me contiene ahí abajo vió, sinó me hago encima doctor”. O peor aún, una mujer en sus 30 y pico, entrada en kilos con un tremendo absceso listo para ser drenado en su muslo y portando una bombacha con la inscripción: “no me gusta lo pequeño”. ¿Es necesario? No lo sé, pero definitivamente nos alegró el día.

POLICÍAS EN ACCIÓN


Si hay algo que los médicos odian atender (además de los pacientes trasnochados) son los presos o delincuentes. Y hay varios motivos, a saber:

-Descontrolan la guardia e irritan a los demás pacientes. No es cómodo tener a alguien esposado en la camilla de al lado y a un policía con un arma custodiándolo,
-Muchos no se calman ni aunque estén con policías a su alrededor y eso ya genera una muy mala predisposición en el personal,
-Porque antes de ser médicos, somos humanos y es verdad, sentimos rechazo al saber que la persona que estamos atendiendo es un delincuente.

El hecho es que, estamos obligados a hacerlo, y así se hace sin distinción.

Una cosa que es cierta es que el médico tiene un sexto sentido para discriminar quien es delincuente y quién no. Y hay varios aspectos a tener en cuenta, el más importante es la supervivencia. Si se salva, es chorro. No importa cuan grave esté, no importa cuantos orificios de entrada y salida tenga, siempre se salvan.
Mientras que si uno de nosotros, simples mortales trabajadores, recibimos un cuarto de las heridas que ellos reciben morimos en el acto, ellos salen siempre victoriosos.

Otro punto a tener en cuenta es el relato en el momento de la consulta. No importa cuán graves estén, no importa si se están desangrando y a punto de desmayarse siempre dicen lo mismo: “me quisieron robar las zapatillas lo guacho, loco”

Una última cuestión para prestar atención es la reacción de los familiares ante la muerte de alguno (y bueno, algunos sí se mueren). Es natural que ante la muerte de un ser querido, los familiares lo lloren, ingresen al shock room y vean el cuerpo sin vida, lo abracen y le den la última despedida. Entonces, ¿Cómo distinguimos la familia del pibe chorro? Entran a la guardia a los gritos, nadie los puede contener y vienen en malón. Siempre son muchos, viene la madre, el padre, los abuelos, hermanos, hijos, amigos, todos lo quieren despedir como si después no hubiera velorio. Entran, gritan, patalean  y prometen venganza: “Nooooooo, me mataron al Briaaaan”  o “ya lo vamo a matá al guachin que te hizo eto loco”.


No todas las historias de este blog son divertidas o bizarras, lo más importante es que son todas reales. Y con esto solo quiero relatarles lo que se vive todos los días en los hospitales de la ciudad y el conurbano. Lamentablemente, el personal de salud es carne de cañón a la hora de atender este tipo de pacientes, con riesgo de ser amenazados, golpeados y no tener ningún tipo de protección. Ojala algún día cambie, aunque con el optimismo que me caracteriza últimamente (cercano a 0) lo dudo.

Y para terminar, sin buscar justificación digo que los pacientes psiquiátricos, trasnochados y delincuentes me generan rechazo, ¿voy a ser peor médico por eso? Yo creo que no, porque no dejo de atenderlos a pesar de lo que me generan. Y el hecho de que movilicen sentimientos, aunque sean negativos me hace sentir humano!

LOS MEDICOS A VECES TAMBIEN EXAGERAN


Para los que no saben, el residente de primer año es el que se encarga de la primera atención en lo que concierne a la especialidad en la cuál se está formando. Solo en caso que el cuadro clínico del paciente supere su posibilidad resolutiva ya sea por su complejidad o por la aún falta de experiencia del profesional, éste puede recurrir a un residente superior o médico de planta para que lo asista.
Debido a esto, es de esperar que los R1, como así se denominan, sean los que más guardias semanales tienen, los más solicitados y por ende los más cansados y estresados; literalmente corren de un lado al otro del hospital todo el tiempo: Revisando pacientes, evolucionando historias clínicas, actualizando estudios, haciendo curaciones, etc, etc. Llega un punto de su vorágine, alrededor del quinto mes de ingreso al hospital que sus días están totalmente descompaginados, y terminan sufriendo una especie Jet Lag pero sin necesidad de haber tomado un avión, es más, sin necesidad de haber siquiera salido del hospital. Se despiertan en su casa pensando que al abrir la puerta de calle van a encontrar un paciente, se duermen en el tren y cuando despiertan no saben si están yendo o volviendo del nosocomio y algunos, como si no les alcanzara lo que les pasa en vida, llegan a soñar con la residencia.

Dentro de este contexto quiero que entiendan la siguiente situación. El R1 de cirugía recibe una llamada en la habitación de residentes procedente de la guardia.

R1: -¿Qué pasó?
Enfermera: -DOCTORA, POR FAVOR VENGA URGENTE A LA GUARDIA, TENEMOS UNA NENA DE 5 AÑOS CON UN FIERRO CLAVADO EN EL PECHO!!!

La R1 se dispone a iniciar una carrera por los pasillos interminables que separan la habitación de residentes del servicio de guardia… pensando en el camino todos los elementos que necesitaría para resolver esa urgencia y que, seguramente requeriría de la ayuda de otros médicos con mayor experiencia.

Una vez en el consultorio donde estaba la chiquita se encuentra con una situación muy diferente a la imaginada. Una niña rebosante de salud sentada en la camilla junto a su madre y riéndo, con un pequeño corte en el tórax.

R1: -¿Dónde está la nena que se clavo el fierro?
Pediatra: -Es ella, se hizo este corte con un fierro – Mientras señalaba la insignificante herida en el costado de la nena.
R1: -¿Le hiciste las placas? No veo que tenga dificultad respiratoria ni nada… para que me hace venir cagando si la paciente tiene solo un corte!!!
Pediatra: -No, nada más era para que la exploraras.

PERSONAJES GASALLESCOS



Paciente: -Disculpe, vengo a tramitar un certificado de discapacidad
Recepcionista: - ¿Un certificado de qué?
Paciente: -De discapacidad…
Recepcionista: -Ah no no, pero mire que eso no se hace en este hospital ehh.. Tiene que ir al hospital Sarasa
Paciente: - Pero a mi me dijeron que lo tengo que hacer acá
Recepcionista: -Bueno, le informaron mal señor, acá no se hacen, le digo que es en Sarasa
Paciente: - ¿Esta segura?
Recepcionista: -Ay señor señor... a ver, aguárdeme un momentito-  Girando en su silla giratoria valga la redundancia, hace contacto visual con alguien alejado – ¿Alfredoooo, acá se hacen certificados de discapacidá?
Alfredo: -No acá no, tiene que ir al hospital Sorongo
Recepcionista: Dirigiéndose al paciente: - Por eso, tiene que ir al hospital Sorongo
Paciente: (?)

AMORES EN SILENCIO



Domingo soleado en el hospital, recibimos un paciente masculino aquejándose de dolor abdominal bajo. Este paciente tenía una particularidad, era sordomudo. Admito que no estamos acostumbrados a lidiar con este tipo de pacientes, y el desconocer el lenguaje de señas no hace más que hacer la situación aún más dificultosa.

Ya que del interrogatorio no podíamos obtener demasiada información, decidimos ir directamente a realizar el examen físico. Todo negativo, todo normal.
En un momento, el paciente se señala sus partes íntimas y nosotros, suponiendo que podría tener una afección en la zona genital, procedemos a revisarla. Efectivamente, presentaba una secreción purulenta compatible con una enfermedad de transmisión sexual.

Como el enfermo podía leer nuestros labios, entendía las indicaciones del tratamiento lo que era un alivio para nosotros. En estos casos es importante saber si el paciente tiene pareja estable, ya que, de ser así, es de buena práctica efectuar una consulta con la misma y descartar las patologías en esta.

A partir de aquí se sucedió un diálogo que me quedó grabado (nosotros hablando, él leyéndonos los labios y emitiendo figuras con sus manos para nosotros inentendibles)

Nosotros (Yo y la médica clínica de guardia): -Juan (vamos a usar un nombre ficticio), ¿tenes pareja estable?
Juan: -Asiente, y señala la puerta del consultorio

Ante la ventaja de tener a la pareja afuera, decidimos hacerla entrar y explicarle las cosas a los dos juntos.
A falta de uno, ahora eran dos los sordomudos y más la dificultad para entendernos, era imposible! Es cuando entonces uno de ellos nos hace señas para que hagamos ingresar a una tercera persona.

Resulta ser, que esta otra persona, era una conocida de ellos que podía oficiarnos de traductora. Sinceramente no era una situación de lo más típica la de tener que exponer este tipo de problemas frente a una ajena, pero no teniendo otra opción nos pareció lo más oportuno.

Nosotros: -Bueno, lo que tenes ahí es una enfermedad de transmisión sexual, te tenemos que hacer algunos estudios para después medicarte y también conviene revisarte a vos (mirando a su mujer). Mientras tanto la traductora, traducia.
Juan: - señas inentendibles
Traductora: -Pregunta si puede ser porque comió mayonesa
Nosotros: (evidentemente no entendió nada) Volvemos a explicar más fácilmente tratando de enfatizar el modo de contagio. En ese momento vemos que la cara de la mujer se transforma y seguido esto comienza una discusión en silencio pero con un movimiento de manos digno de un baile flamenco.

Nosotros, sin poder decir más nada no tuvimos otra opción que quedarnos al costado y en silencio mirando la escena y esperando a que la traductora diera señales de vida.
En un momento, la mujer hizo una seña que traspaso el lenguaje propio de los sordomudos: señaló a su marido, tomó con sus manos un pene invisible, lo “decapitó” y lo arrojó al suelo de la guardia!