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domingo, 4 de marzo de 2012

LA DOCTORA BLANCO: PARTE 2


En esta entrada voy a contarles las primeras anécdotas de la afamada Dra Blanco. Algunas de ellas más que anécdotas ya se han convertido en culto y, según ella, en una especie de máximas surgida desde lo más profundo de su experiencia profesional y con las que pretende “nutrir” a las futuras generaciones de médicos. Otros son simples “dichos” que con el correr de los años se hicieron conocidos por todos y se sabe que son patrimonio de su persona.

Como no respetan cronología alguna, se las cuento a medida que se me viene a la mente.

Frase célebre  Nº 1:  

“Si te morís un domingo es porque sos un hijo de puta” 

La explicación que esboza frente a semejante dicho es que, como no hay entierros, si falleces ese día es porque le queres cagar la vida a tus familiares. No entra en su mente que quizás uno no elige el día en que se muere y que es un hecho pasa cuando tiene que pasar. 

Frase célebre Nº2:  

“¿Para qué le ponen antibióticos a los anaerobios, si cuando abren una panza y le entra oxígeno los bichos se mueren?” 

Acá viene una sarta de noñeces para entender el concepto de semejante bestiada. Los anaerobios (bacterias anaerobias en realidad) son, como para que se entienda, uno de los bichitos más dañinos y difíciles de matar de la fauna patológica que andan dando vueltas. Son una especie de Hitler y Mussolini juntos que destilan pus. Como bien lo indica su nombre, crecen en condiciones en donde el oxígeno es bajo o directamente inexistente (esto es en cierto tipo de heridas y fundamentalmente en el intestino). Según el criterio de la doctora, el solo hecho que un cirujano abra el abdomen para operar y deje entrar el  aire del quirófano ya es suficiente para matar a todos estos peligrosos bichitos, con lo cual los antibióticos que se agregan aparte de la cirugía son innecesarios; es como querer matar a Terminator con una gomera, básicamente.

Pero, ¿Qué puede esperarse de una doctora a la cual he visto con mis propios ojos realizar tactos rectales sin guantes? Si después se lava o no las manos ya es otra cosa, que preferiría no averiguar.

También la he visto revisar abdómenes luego de comer facturas y ahí si afirmo con certeza que ni una gota de agua pasó entre sus manos y la panza del paciente. Una simple sacudida y un rápido frote contra la chaqueta amarilla, cosa que las migas no molesten y listo, ya estamos preparados para el examen físico. 

Con todo esto que les cuento no es dificil deducir que la comida es algo fundamental para la doctora, diría yo, el eje central de su vida. Entonces con el amor que uno cuidaría un hijo, Blanco cuida su alimento; yendo más allá podría afirmar que hasta es celosa del mismo. Ella no tiene problemas en comerle la comida a otra persona pero nunca comparte la propia. Ya todos la conocemos y ni se nos cruza por la cabeza tocar algo tan preciado para ella (no lo haría aunque pudiera). Pero, ¿Qué pasa cuando llega alguien nuevo que no conoce los códigos? Sencillo, la Doctora es capaz de cualquier cosa para evitar verse en la situación de compartir comida y no pierde tiempo en diplomacia alguna, el solo escupirla es suficiente para marcar territorio y que ningun descuidado se atreva a hurgar en lo que no le es propio.

Otra curiosidad que tiene es el ringtone de su celular. Quien alguna vez estuvo en el conurbano bonaerense a la hora de la siesta habrá escuchado claramente un pequeño altoparlante adosado a un automóvil diciendo:

“Se venden papa batata saaaaandia... baratita, rica la saaaandia calada y coloradaaaa” (todo esto dicho a una velocidad sobrehumana y como si el locutor tuviese la boca cubierta con un trapo)

Exactamente eso es el ringtone de la doctora. Traten de ponerse un segundo en situación. Ustedes son una madre o un padre que tienen a su hijo con mucho dolor de panza por lo que deciden llevarlo al hospital. Lo revisa el pediatra y les dice que para él es una apendicitis, pero que lo tiene que ver la cirujana. Después de esperar por lo menos 40 minutos se presenta una doctora con solo la parte de arriba de su ambo, emanando un olor particular mezcla de las últimas 5 comidas y con migas pegadas en sus manos. Uno comienza a preguntarse si la que apareció es personal de limpieza pero duda cuando esta persona se acerca para revisar a su hijo.

Intenta palparle el abdomen pero chico no se deja porque le duele. Luego de una inspección superficial la doctora dice que no tiene nada y les indica que vuelvan si sigue doliendo (a todo esto el niño está con vómitos, 40 grados de temperatura y la panza tan dura que ni se la puede hundir). Cuando usted, padre o madre, intenta esbozar un desesperado: 

-          Pero doctora... yo lo veo mal!! ¿No puede ser que tenga algo? 

el celular de la doctora suena con un: 

"...Se venden papa batata saaaaandia... baratita, rica la saaaandia calada y coloradaaaa..."

¿Que conducta tomaría usted? La misma que, a fin de cuentas termina tomando todo el mundo: agarra el chico y se va a buscar un médico en serio, no a una almacenera.


viernes, 2 de marzo de 2012

LA DOCTORA BLANCO: PARTE 1


Si, ya sé. Parece que todos y cada uno de los personajes que componen el ámbito médico salieron de un mundo surrealista, que fueron creados en la mente de un imaginario de historias absurdas. Pero créanme que si bien algunos de ellos serían dignos de protagonizar una película de humor bizarro son más reales que las manos que escriben este texto y forman parte de la fauna médica Argentina. Hoy van a adentrarse conmigo en el mundo de la Dra Blanco.

Como no podía ser de otro modo, lo primero es la caracterización. La Dra Blanco está a punto de jubilarse lo cual no es un detalle menor. Calculo que en su inconsciente se resumen todos los años computados al servicio de la salud y se convierten en la excusa perfecta que denota su comportamiento.

Aparece puntual a la hora que corresponde en un auto completamente destartalado. Y es que si bien el hábito no hace al monje, en este caso el 100% de las personas a las cuales se les preguntara jurarían que la Dra Blanco no es médica... y casi, casi que no se equivocarían. Se apersona en horario portando su chaqueta amarilla; solo chaqueta, la parte de abajo es siempre de civil probablemente debido al sobrepeso que no le permite ponerse el resto del equipo correspondiente. He de decir que la Dra hace honor a su apellido, y esto es en relación a su piel: blanca, pálida, gélida, impoluta. Lamentablemente no podemos decir lo mismo de su higiene lo cual es un problema si tenemos en cuenta su especialidad: Cirugía.

Los colegas de la guardia anterior pretenden infructuosamente pasarle los pacientes quirúrgicos, pero ella desoye todos y cada uno de sus comentarios y solo se limita a firmar la hoja de llegada; luego su actividad es variable: desde simplemente sentarse a mirar tele hasta dedicarse a comer y comer. Si realiza esto último es digna de ser observada: cualquier cosa que indefectiblemente quede sobre la mesa terminará en su estómago. Esto tiene un agravante y es que la doctora es diabética. No solo que parece no ser consciente que el pan, las gaseosas, galletitas, pizza, y demases alimentos cargados de azúcar deberían estar excluidos de su dieta sino que intimida con su mirada a quien sea que esté comiendo haciéndolo sentir esa incómoda sensación de estar siendo observado todo el tiempo. Con su atenta mirada la Dra Blanco espera que caiga una migaja, una aceituna, un pedazo de mozzarella, algo, para decir:

            -¿Esto no lo comés?

y llevárselo a la boca. Durante una época por la mañana se medía la glucemia para ver cuantos churros podía comer. Después el destino le marcó un camino distinto: durante una guardia hizo un síncope, se desmayó (eso sí, con un paquete de habanitos de chocolate en la mano que sostenía firmemente) y prometió cuidarse a partir de ese momento. Ya no era cosa de comer porquerías, así que tranquilamente se la podía ver en la habitación ingiriendo postrecitos ser en su ropa interior roja. Y es que todos los de la guardia conocemos sus calzones porque no tiene ningún escrúpulo en mostrarlos, y para colmo, de todos los años que la conozco, siempre usó el mismo conjuntito.

Tampoco tiene ningún miramiento a la hora de hacer sus necesidades, por el contrario como en todo, la Dra Blanco en esto también deja su sello particular. Les parecerá asqueroso, pero es necesario al menos esperar media hora para poder ingresar al baño utilizado por esta persona. El olor espanta a cualquier nariz que por esos lares asome, y es que, caramba, ¿Qué pretenden que salga con todo aquello que come? Para que se den una idea de lo que estoy hablando, en época de escasez de papel higiénico en los baños de la guardia la gente previsora lleva el propio, los incautos tal vez usan gasas. Pero la doctora va más allá. No es cosa de gastar plata en papel sanitario, y por supuesto, las gasas son un recurso hospitalario muy preciado... ¿Qué usamos para limpiarnos entonces? y... cualquier cosa a mano está bien. Historias clínicas, por ejemplo.

Me preguntan: ¿Qué hace la doctora en la guardia? La verdad es que no lo sé. ¿Resolver patologías? mmm.... no sé si es por lo desactualizada, pero para ella ningún paciente es quirúrgico. ¿Opera, quizás? Va a quirófano, pero se acuesta a dormir en la cama de las instrumentadoras. ¿Sutura? No, eso ya no es trabajo para ella. ¿Da una mano con las diversas problemáticas que surgen? Siempre que hay lio, ella seguramente no está. Claro que menos va a estar, ya que durante la guardia se escapa y hace consultorio en su casa. ¿Pero no puede poner otro día de consultorio? claro que puede, pero como ella misma dice: “¿Para que voy a cambiar de día si en la guardia no tengo nada para hacer?...”

Y así pasa sus días, importunando al resto de sus compañeros sin aportar nada a cambio. Siquiera deja dormir, ya que con su enorme vientre genera unos ronquidos audibles a varios metros de distancia que se suman a la enorme cantidad de flatulencias que se oyen y se huelen... y cómo se oyen y huelen!

Podríamos decir de la doctora que hay muchas cosas que no hace: que no se higieniza como debiera, que no cuida su salud, que no trabaja y que parece no importarle lo que los demás opinen o puedan decir de ella, pero hay una cosa que sí hace y muy bien: es la mayor generadora de anécdotas e historias que conozco y que de a poco voy a ir compartiendo con ustedes.